EL CURANDERISMO EN
DR LUIS V. DRAGUNSKY
¿Por qué prospera una actividad mágica en una época en
que la ciencia y la razón se extienden y penetran hasta lo cotidiano?
Para responder esta pregunta, procuramos establecer cuál es el rol del curandero, y qué significa ese rol para la comunidad en la que actúa.
INTRODUCCIÓN:
En toda la Costa Norte del Perú y
especialmente entre la población de
las grandes haciendas, el curanderismo tiene una gran difusión. Se puede decir que todo el mundo comparte las ideas básicas que sustentan al
curanderismo. Patrones, ejecutivos, ingenieros, empleados, obreros -hasta
los mismos médicos-
tienen absoluta convicción en el "daño". Como anécdota
significativa, señalaremos que en varias haciendas azucareras son los patrones
quienes envían a sus obreros y empleados al curandero, especialmente a los
alcoholistas.
El curandero, brujo, curioso, cirujano -como es llamado- goza de
elevado status y gran estima. El número de los profesionales del curanderismo
es grande, pero imprecisable.
El pilar fundamental de la brujería es la herboristería, de la que son
consumados virtuosos. Toda la brujería está
basada en las virtudes mágicas y terapéuticas del "San Pedrito"
(Trichocereus Pachanoi), un cactus puya infusión tiene poderosas propiedades
alucinógenas por su alto contenido de mescalina. Todos los participantes de una
"mesa" cumplen con la condición
de beber San Pedrito, sin omitir al brujo, que se limita a oír y ver
alucinatoriamente lo que le "dice" la hierba. No emplea para
el diagnóstico ni la prescripción del tratamiento generalmente -ningún otro
procedimiento que la intuición y el conocimiento alucinatorio, mágico. La
técnica y la "teoría" de los brujos se ha enriquecido últimamente con
dos aportes: el cristianismo, que participa a través de San Cipriano, patrono
de los brujos, cuya imagen jamás falta en una "mesa", eventualmente
un crucifijo y la noción del Dios bueno que ayuda; la otra fuente es la magia
standarizada que llegó en algunos libros
argentinos como "San Cipriano", "Magia Negra", "Magia Verde", "El Libro de los Sueños", y otros similares,
que no sólo son creídos a pie juntillas sino buscados afanosamente -seguramente
para sorpresa del editor.
En los últimos tiempos, en los últimos diez o quince años, el número de
curanderos aumentó explosivamente sin que éstos recién llegados conservaran la
ortodoxia en la tradición y los
procedimientos. Así, el consenso público distingue netamente dos categorías
de brujos: los "verdaderos" y los "falsos", es decir, los que no tendrían autentico poder
mágico ni capacidad de adivinación, o
para utilizar la expresión propia "no
pueden ver". Los conocedores y gente de la zona nunca se hacen
atender por los "falsos", sino que buscan a los
"verdaderos" en los lugares alejados donde se suelen refugiar.
Esta extensión del fenómeno, que hace que acudan multitudes desde todo
el país -Lima incluida- sin distinción de clases, requiere alguna explicación.
No podemos atribuirlo con ligereza a la
curiosidad o a la sugestión, ni podemos ignorar que semejante aceptación no sería posible si el curandero, por último, no curara. En el ámbito de su
competencia el "mal ajeno"-
es ampliamente eficaz y cuida de no inmiscuirse en el terreno médico,
distinguiendo el "mal de Dios" o
patología propiamente médica, del "mal ajeno" o "daño" ("mal
ajeno" significativamente sugiere "hecho por otro hombre"). Nuestro propósito,
esquematizado así el problema, es intentar una explicación de la difusión y el éxito del curanderismo. Pensamos que podemos
encontrarla buscando la problemática que resuelve y analizando la
función social del curandero, es decir, qué significa su rol para la comunidad
en la que actúa, y analizando esa función y las formas en la que la desempeña.
Para ello, contamos con el material recogido durante nuestra
permanencia en la zona realizando un estudio específico en el tema. Parte de
ese material ha sido cuidadosamente comprobado, otra parte proviene de
información proporcionada por curanderos y pacientes, y una última parte es
producto de nuestra observación personal,
estando tamizada sólo por una dosis prudente
de escepticismo. Las interpretaciones que nos permitimos sólo caben en
un trabajo, que como éste, sólo pretende ser un ensayo sobre psiquiatría
social.
EL BRUJO PRIMITIVO:
Tenemos que confesar que hacer cualquier afirmación seria sobre el antiguo curanderismo es más difícil de lo que
creíamos debido a la falta de
información arqueológica y antropológica. No podemos
basarnos en interpretadores y comentaristas, ni interpretar a los
interpretadores, sino dirigirnos a las únicas fuentes
que conocemos: los cronistas. El obstáculo mayor con
el que tropezamos al estudiar a los cronistas ha sido que produjeron una crónica atemporal y que se refiere únicamente a las épocas de la
colonización y a la inmediatamente
anterior; toda referencia a otras épocas se
esconde bajo el rótulo nebuloso de
"tiempos antiguos" y tiene caracteres mitológicos. Así, es imposible comprobar evoluciones o establecer
vinculaciones entre los roles de distintos tipos de brujo. No hemos querido
interpretar qué fue lo que realmente
quisieron decir los cronistas, pero fue necesario filtrar algunas afirmaciones
producto de prejuicios y opiniones personales, tomando exclusivamente el
material que puede considerarse objetivo.
La deficiencia que más lamentamos es
no haber encontrado más que la crónica del
Imperio Incaico; ninguna referencia concreta a las culturas pre-incaicas
anteriores al Siglo XIV, particularmente
Hechas las salvedades, pasemos a los hechos.
Sin duda, durante el Incanato, curandero, médico, hechicero
y sacerdote han sido una función desempeñada por una sola persona y algunos de estos roles han sido ejercidos simultáneamente por otra persona, como en el caso del
barbero. Para evitar confusiones definiremos estas funciones:
Curandero es quien cura utilizando generalmente métodos mágicos. El rasgo
característico es que su rol es no
oficial. Médico, el que cura utilizando
generalmente medios empíricos y su
función es oficial. Aquí las excepciones pueden ser tan numerosas como la
regla, a tal punto que los sacerdotes curaban exclusivamente por medios mágicos.
Hechicero, con el mismo significado que actualmente se designa con el término "malero", quien hace maleficios o
perjudica a terceros por medio de la magia. Durante el Incanato eran
adivinadores del porvenir.
Sacerdote, el intermediario oficial ante los dioses, sin acción práctica sobre
problemas concretos.
Veremos que casi siempre estas funciones se superponen, mezclan y
confunden de modo de hacerse muy difícil saber cual
es el rol fundamental. Esto no es un defecto sino una característica: ha sido
precisamente la maduración en el proceso
de organización social, la que como parte de la división del trabajo deslindó
con claridad los roles ([2]). Así, la
consolidación del clero como casta durante el Incanato significó no sólo el monopolio
oficial de la hechicería ([3]), sino más
tarde su desvinculación de la medicina tras haberla ejercido sólo entre los "orejones"
(nobleza).
Pensamos que la Conquista Española conmocionó el proceso de separación
de los roles al amputar violentamente el clero junto con la organización íntegra
del Imperio Incaico, y que esto puede haber acelerado la diferenciación y
difusión de curanderos y médicos barberos.
Los primeros datos precisos de los curanderos que podemos considerar
antecesores de los actuales, los encontramos en Guamán Poma, quien los llama “hechiceros
que chupan", describiendo sus procedimientos que son muy similares a los
actuales. Debemos hacer notar que para el cronista los curanderos merecían la
misma opinión despectiva ([4]) que para
muchos académicos contemporáneos, mientras defiende a los "indios
cirujanos" o barberos ([5]). Es también
el mismo autor el primero en hablarnos de "falsos hechiceros" ([6]). Garcilaso,
al hablar de los hechiceros destaca que hechizaban "o por envidia o por otra
mal querencia" ([7]). Este dato,
de fines del Siglo XVI nos hace reconocer que no hemos descubierto la pólvora.
Creemos que la diferenciación de funciones tuvo dos
polos
ideales en cuyos extremos estaban el sacerdote y el médico representando
aproximadamente la dualidad magia-ciencia en su sentido actual.
El significado que atribuimos a estos hechos es que lo sobrenatural
tenía la "unidad de ser la causa de todas las dificultades humanas, o por
lo menos, con seguridad de aquellas, cuya causa no conocían. Lo
sobrenatural y mágico era también todo lo ignorado. Entonces, el rol de brujo
era múltiple porque tanto el terremoto como la sequía, la peste y la enfermedad
individual reconocían como causa única a las fuerzas sobrenaturales.
Sobrenatural y amenazante, desconocido y amenazante era lo que provenía de la
naturaleza, desde el rayo y la sequía al bacilo de Eberth. Aquella cosa
amenazante que hay que conjurar o cuyos bienes hay que implorar, es la naturaleza.
El brujo, aun antes de diferenciar sus distintos roles, tenía el rol principal
de proveer -a su manera- un medio para controlar
lo que el
hombre aún no sabía controlar ([8])
El brujo era, entonces, un mediador entre el hombre y la naturaleza.
No excluímos que también intervieniera para resolver problemas entre
los hombres, pero esta no era su actividad fundamental. De esta actividad sólo
queda el testimonio de los "ritos para juntar
gente" mediante filtros del amor, que nos cita Guamán Poma ([9]).
Los "maleros" merecen una mención especial porque son mencionados
muy a menudo por los cronistas y porque aún hoy ésta es la imagen popular que se tiene de todos
los curanderos. Creemos que los "maleros" deben haberles llamado
mucho la atención a los cronistas, no sólo por su pintoresquismo, sino porque
entroncaban con la tradición demonológica que
La ubicación clara del brujo y su función requiere al menos una
descripción somera del medio en que nació y prosperó.
El Incanato, fusión imperial de varios grupos de culturas regionales se
caracterizaba por la producción agrícola sobre bases de propiedad comunal, con
dominio del riego, regida por una monarquía teocrática absoluta y paternalista.
Correspondería básicamente a la así llamada "sociedad asiática".
En el momento de la llegada de los españoles, el sistema se encontraba
debilitado por la crisis que precedía a su transformación en una sociedad de
clases, basada en la tenencia de la tierra sobre el criterio de la propiedad
privada. ([10]) Según la
vieja nomenclatura, ésta forma de organización es designada como "estado
medio de la barbarie".
Queremos remarcar que esta organización se fundaba en la inexistencia
de propiedad privada de los medios de producción. Por lo tanto, tampoco
existían clases sociales, aunque las castas estaban delimitadas rígidamente,
como forma de estratificación de la sociedad.
Debido a que la transición estaba en marcha, existían y aún muy desarrollados,
muchos de los roles que más tarde caracterizarían a la futura organización. Por
ejemplo, seguramente los "orejones" hubieran sido los futuros
terratenientes, pero el hecho, es que aún no lo eran.
Aquellas condiciones de vida seguramente no eran idílicas, como es
notorio en la extraordinaria crueldad de las sanciones que aplicaban, pero la
organización comunitaria no sólo excluía la competencia, ya que la producción y
el trabajo eran reglamentados verticalmente por el Inca, sino que el
rudimentario sistema de previsión tenía alcances absolutos, como todas las
disposiciones del Inca. Todos los desvalidos eran socorridos, albergados y
alimentados. No existían, se puede decir, necesidades vitales individuales
insatisfechas, en el apogeo del sistema. Obviamente, esto no excluye las
grandes necesidades colectivas.
Los problemas principales de la sociedad eran los relativos a la
producción, como está explicitado en la legislación que transcriben los
cronistas. Afortunadamente, podemos citar los verdaderos documentos
antropológicos, vivientes que las peculiaridades del Perú nos ofrecen. Por su
terreno cordillerano y accidentado y la falta de caminos, muchas comarcas serranas
han quedado al margen del paso del tiempo, aisladas de los conquistadores y sus
descendientes. En casi todos los aspectos, allí se vive todavía como durante
el Incanato. Es de una de esas comunidades que
Veamos de qué forma cumplía el brujo su cometido.
La magia,
su arma constante, era evidentemente congruente con la época puesto que era la herramienta conceptual más
acabada que aquella sociedad pudo producir. Cuando la ciencia y la
tecnología estaban por inventarse, las cosechas dependían de la benevolencia de la naturaleza. Como vemos en la
historia, la magia se va abandonando a medida que el hombre sabe cómo arrancar
a la naturaleza sus frutos y cómo protegerse de ella. En éste proceso de creación de la
técnica y el pensamiento racional, el desvalimiento es reemplazado por la
operatividad. Es decir, el pensamiento mágico es previo al pensamiento
racional, la asociación simpática es previa a la asociación lógica, tanto como
el desvalimiento y la dependencia son previos al control de las fuerzas
naturales. La lucha por la supervivencia exige adaptación al medio; es en éste
proceso que el hombre adquiere control de ese medio, cambiando al mundo y
cambiándose a sí mismo, haciéndose racional. La estructura conceptual del
hombre es producto y refleja su relación fundamental, en este caso, la
relación hombre-naturaleza.
¿Y que sucede entre nosotros? En primer
lugar, en la sociedad capitalista atrasada ([12]) de la que las
grandes haciendas del Norte; son parte importante, la relación
hombre-naturaleza es otra. Ahora el hombre controla la naturaleza de un modo
consciente y racional, como lo demuestra el riego, el uso de abonos químicos,
la selección de variedades de caña, la standarización de rendimientos, el
escalonamiento de la siembra y la inducción de la madurez para cosechar según
la planificación previa, etc.
¿Haría falta ahora invocar la ayuda de oscuras fuerzas naturales? Ese
control e independencia de la naturaleza, que es producto de la organización
social, del trabajo social, permite y obliga al hombre a desplazar el eje de su
relación fundamental, de la naturaleza a los otros hombres, y recién entonces
con la naturaleza. La relación con la naturaleza se hace mediata, ya no
inmediata. Recíprocamente, sólo gracias a que actúa en sociedad sobre la
naturaleza, ya no individualmente, es que ha llegado a dominarla.
Cuando, el grado de organización social alcanzado es elevado, para cada
hombre adquiere prioridad su trato con otros hombres, porqué sólo a través de
ellos puede sobrevivir y satisfacerse. Cuando para comer carne hay que
comprarle un bistek al carnicero, en lugar de cazar un búfalo, la relación
fundamental del hombre es con otro hombre, ya no con la naturaleza directamente.
La conducta de relación implica interacción y reciprocidad, la
respuesta no anula el estímulo, sino que lo modifica, para provocar otra
respuesta distinta, de modo que toda la personalidad queda comprometida. Es lo
que sucede cuando el estímulo es la conducta de otro hombre, ya no la
naturaleza inanimada o el propio cuerpo.
En la medida que el hombre fue madurando, la organización social y
reemplazando su actividad individual por la actividad de la sociedad en su
conjunto, debido a la división del trabajo, etc., la conducta de relación fue adquiriendo categoría de
fundamental, a tal punto que ahora ningún hombre podría prescindir de su relación con los otros
hombres, ni aún para la satisfacción de sus necesidades más elementales.
La trascendencia de estos hechos es tan grande que aún no se conocen
sus alcances totales. Baste señalar que muchos
autores señalan esta conducta como el
fundamento de la humanización ([14]). Es ahora el
grupo, la sociedad como organismo y como unidad, la que trata con la naturaleza
en un nivel superior que ya le permite controlarla. El énfasis está puesto en
trato entre hombres y sólo la armonía y el equilibrio en este ámbito permiten por un lado el total control de la
naturaleza y, por otro lado, la total humanización como hombre
social, activo y creativo.
Esa armonía y equilibrio son los que
están perturbados en este caso por dos motivos básicos: la
apropiación y la competencia,
inherentes a la organización social
existente.
RELACIONES CON EL GRUPO DOMINANTE.
¿Cómo interviene
la apropiación?
El proceso de control de la
naturaleza no es todavía racional para
ellos porque aún no se han incorporado como
grupo social a este proceso.
La apropiación del producto
del trabajo social, al dejar en manos del sector menos numeroso la técnica y la
conducción de la comunidad, crea condiciones "pasivizantes" de dependencia
e "irracionalidad" (en el sentido de exclusión, no de transgresión).
Así es. El peón de hacienda
no participa ni con su acción ni con su opinión en el manejo de los hechos que
más le incumben ([15]), como la
conducción de la hacienda, del pueblo, de su propio trabajo, etc. Su condición
de ser racional es a estos fines, superflua y casi un estorbo.
La magia, el viejo
pensamiento mágico que la tradición, le hace tan familiar, en cambio, es su
patrimonio exclusivo, el ámbito en que objetivamente es mantenido.
RELACIONES HUMANAS DENTRO DE LA COMUNIDAD - LA
COMPETENCIA.
Si antes la supervivencia y la seguridad
provenían del éxito en su lucha contra la naturaleza, ahora la supervivencia y
la seguridad provienen de su relación con otro hombre: el que le da trabajo. La
supervivencia y la seguridad tienen ahora la forma de salario. Antes lo
amenazaban oscuras fuerzas naturales. ¿Qué lo amenaza ahora? Sólo otro u otros
hombres pueden quitarle su salario, su seguridad; la lucha por la seguridad
asume ahora la forma de lucha por el salario o de defensa de él.
La lucha que se plantea, independientemente
de los propósitos o la voluntad de los participantes, se da en condiciones en
que el triunfo de uno significa forzosamente la derrota de otro. Esta
lucha es la competencia.
Entendemos por competencia un tipo de
relación que significa éxito para uno o unos de los miembros participantes a expensas
de los otros. Su esencia es la exclusión. Se trata pues de una relación de
oposición, diríamos que la inversa de la solidaridad.
El compañero, el amigo, el vecino, son
ahora competidores, enemigos potenciales, postulantes que lo pueden excluir. El
triunfo de ellos será su derrota, el bienestar de ellos será su malestar. El
éxito es función de la derrota. Sólo cuando alguien fracasa existe alguien que
triunfa (Carlos Delgado, Amaru Pg.20.)
Como resultado de la competencia y de la
disolución de la solidaridad, queda un sedimento de reserva, de hostilidad, de
"separatidad", utilizando el término introducido por E. Fromm,
y que se manifiesta ante todo como tensión interpersonal.
Una vez planteada, la relación de
competencia, no es posible el tabicamiento. No puede haber acuerdos parciales
para ser competidores en el trabajo y solidarios en todo lo demás.
Entonces, la competencia se hace global, se
extiende a todos los aspectos de las relaciones interpersonales y se compite por
el trabajo, por la mujer, por quién tiene mejor casa o mejor ropa o mejor
cualquier cosa -la ostentación- porque se trata de una relación ya aprendida.
La tensión interpersonal es la problemática
primordial en el nivel fenomenológico porque expresa en resumen todas
las distorsiones, vicios y atrasos de la sociedad. El hombre en tanto que es
miembro de una sociedad y formada por ella y en ella, la asume y sintetiza.
Así, todas las "dificultades" sociales revertirán inevitablemente en
el individuo. En este caso, la institución social que la tradición tiene
preparada como solución -el curanderismo- atiende no ya a los determinantes
sociales, sino que actúa como paliativo individual e interindividual.
¿Por qué decimos que son referidos no
intencionalmente?
Porque ninguna relación objetiva obliga
mecánicamente a que se tome conciencia de ello. El peón de las haciendas no hace
un lúcido análisis do sus relaciones y tendríamos que sorprendernos si lo
hiciera. No puede dejar de sentir la situación, pero no puede todavía
comprenderla cabalmente.
Este enfoque liquida la cuestión de quién
envidia a quién, o si la sensación de ser envidiado es una proyección de la
envidia que uno mismo siente; desde nuestro ángulo éstos dos enfoques no son
separables; por el contrario, la unidad envidiar – ser envidiado (es decir,
envidiar y captar la envidia que el otro siente hacia mí) define el fenómeno
como interhumano, ya no como intrahumano.
Por eso, todo intento de explicar la
envidia como fenómeno individual y psicológico, no explica nada. Considerarlo ([17])
un mecanismo de defensa sólo posterga la cuestión dejando sin explicar
precisamente lo fundamental: ¿por qué el hombre siente envidia?
Queda el problema de la determinación de la
envidia. La afirmación de que la envidia
es la conciencia distorsionada de competencia, puede hacer suponer que quienes
no participan en alguna actividad competitiva serían ajenos a la envidia. Ese
no es el caso. Si bien la formulación de esta hipótesis es esquemática,
estamos lejos de concebir una determinación mecánica. Es obvio que las
relaciones se difunden y alcanzan a personas excluidas del proceso objetivo
determinante. En este caso, la relación -y la sensación- envidia es aplicada al
principio al sujeto competidor pero luego otras personas no involucradas
directamente en la situación de competencia son tratadas como competidores. Si
bien es difícil precisar minuciosamente los mecanismos por los cuales sucede
ésto, creemos que uno de los más frecuentes debe ser el de la extensión de los
roles. ¿Qué querernos decir con ésto? El individuo que participa en una situación
competitiva cualquiera, no necesariamente se despoja de su rol de competidor
cuando trata, más tarde, con su esposa o su vecino. Es más, probablemente le
sea muy dificultoso hacerlo porque la competencia está presente en ámbitos muy
variados y aún él mismo se encarga de extenderla. El resultado de esto sería
que por fin aún dos personas sin ninguna vinculación objetiva anterior tengan
una relación inicial en actitud de competidores envidiosos.
Por estas razones sólo hemos intentado
precisar la naturaleza de la relación o las relaciones fundamentales, es decir,
las que más se arraigan como pauta de conducta y, por lo tanto, más se
difunden. Este sería el caso de la competencia y envidia, y, dicho sea de paso,
la coincidencia de la amplitud de su difusión abona a favor de la
interpretación que proponemos.
FACTORES CONCURRENTES QUE AUMENTAN LA
TENSION INTERPERSONAL
La primera impresión es confirmada por el
análisis de las estadísticas relativas al crecimiento de las fuentes de
trabajo, ingresos per cápita y desocupación. La desocupación en especial, es un
problema muy notorio, a tal punto que, por ejemplo, en Cayaltí sólo uno de cada
cuatro hombres en condiciones de trabajar, tiene empleo en el ingenio o en el
campo. Como compensación prosperan las actividades individuales micro-comerciales,
como las cantinas o el servicio de triciclos -versión occidental del rickshaw-
de los que sólo en Cayaltí hay más de 500, mientras que en el ingenio trabajan
menos de 300. Producto de esta situación existe un gran número de desocupados,
ociosos y semi-ociosos que constituyen lo que los economistas llaman "el
ejército industrial de reserva". Este ejército constituye un verdadero
mercado de mano de obra y para sus miembros la única perspectiva de
"prosperidad y progreso" es un puesto estable en la hacienda, aún de
los peor pagados (0.50 dólares por día). Como el número de desocupados es
varias veces mayor que el de ocupados, cada puesto tiene tres o cuatro
codiciosos pretendientes, que entablan una lucha tácita con el ocupante actual
que procura no ser desplazado. Como se comprenderá, la competencia en esta
situación es muy aguda.
Lo que decimos de las expectativas de
trabajo es aplicable a casi todos los demás aspectos de la vida. Los pueblos
anexos a las haciendas constituyen colectividades de unos dos mil habitantes,
que se autoabastecen y que mantienen muy poca comunicación entre sí y con Chiclayo,
la ciudad más próxima. Las más alejadas prácticamente no tienen ninguna
comunicación directa. De este modo, la misma colectividad debe proveer a todas las
necesidades humanas de sus integrantes, desde comida y diversiones hasta casa y
una pareja.
En las condiciones que describimos,
proveerse de cualquiera de estas cosas es problemático: de comida, porque se depende
del bono o ración semanal proporcionada por la empresa a sus trabajadores, lo
mismo que las funciones de cine y la casa y el futuro marido o la esposa tendrá
que ser forzosamente algún compañero de juegos de la infancia puesto que ni viene
gente nueva, ni hay posibilidad de irse. La comida es la misma, las diversiones
son las mismas, las casas son las mismas, las mujeres son las mismas, la vida
es la misma, día tras día inacabablemente sin que nadie entrevea la posibilidad
de romper este curso uniforme. El "quietismo", la resignación y la estabilización
en un nivel muy bajo son entonces rasgos psicológicos de profundo arraigo.
Esto es lo que Lewis define como la "cultura de la pobreza" (Los
Hijos de Sánchez).
Puesto que las expectativas están
clausuradas para la sociedad en su conjunto, la única alternativa es la
emergencia individual, es decir, la expresión más depurada de individualismo,
y uno de los factores más importantes de tensión interpersonal.
Otro factor que debemos señalar es la
naturaleza acentuadamente individual del trabajo rural. En las grandes haciendas
la proporción del personal dedicado a tareas en el campo es aproximadamente
tres veces mayor que el empleado en el ingenio y la factoría. Y las tareas de este
personal rural, aunque se organizan en cuadrillas, son acentuadamente
individuales. Cada peón toma su machete o su pala y hace su trabajo las más de
las veces sin ver a sus compañeros más que en los descansos. Esto incide
notoriamente en el grado de conciencia de clase de los trabajadores. Es sabido
que casi todos los dirigentes sindicales surgen del ingenio y sobre todo de la factoría,
si bien influye el grado instrucción requerido para desempeñar estos dos
últimos trabajos.
Sin duda el individualismo es también hijo
dilecto de la competencia; sólo queremos acotar que se suma otra fuente de
individualismo. ([18])
PERPETUACION DE
Hay además otras razonen específicamente culturales para explicarnos el
por qué la
población de las
grandes haciendas se adhiere a la interpretación mágica del mundo. Estas razones son la
fuerte tradición mágica de la población que constituye el 90% del personal de
la hacienda y que provienen de
Podríamos esperar que su cultura tradicional
se disolviera en el medio al que se han incorporado, tomando las nuevas pautas
culturales. (Cultura en su sentido antropológico, es decir, como un patrón de vida que pasa de generación en generación. (Oscar Lewis).
Pensamos que la razón por la cual este sector de la sociedad permanece
aislado culturalmente y no adquiere nuevos patrones de vida, es múltiple.
El primer aspecto que debernos considerar
es la naturaleza de la cultura a la que se incorporan. Somos conscientes de la
dificultad para hacer una valoración objetiva, terreno en el que es tan fácil deslizarse hacia apreciaciones
subjetivas o estimaciones éticas. Nos hemos remitido a lo que consideramos el
consenso entre los intelectuales peruanos.
Enunciándolo esquemáticamente consideramos que el Perú se caracteriza por no haber producido
patrones culturales propios particularmente en lo que va de este siglo. En primer lugar, debido al
atraso y dependencia de nuestra sociedad capitalista ([19])
en la que la sujeción al mercado mundial y condiciones particulares de
comercio han favorecido que hasta la cultura sea importada; baste citar el caso
de los programas de televisión, punta de lanza de la "American way of
life".
La segunda razón ha sido la vacancia en el puesto de dirección en el proceso de aculturación determinado por las características peculiares de nuestra clase
dominante, de la que sabemos desde antiguo que ha renunciado o no ha sabido asumir
ese rol, el de establecer formas do vida
nacionales. Ya José de
LA FUNCION DEL
BRUJO ACTUAL. FORMA Y CONTENIDO:
Decimos "interpersonales" y no
"sociales", porque el
brujo es ajeno -que nosotros sepamos- a la problemática "social"
en sentido estricto. Por ejemplo, no interviene en huelgas, ni en la formación
del sindicato, etc. Su ámbito serían las relaciones microsociales: persona a persona, o persona a familia, a
grupo de amigos, etc. Manipula en ellos, modificándolos, reforzándolos,
disolviéndolos: deje a su amante, deje a los amigos, vuelva con su señora,
respete al patrón, ande sólo, son las indicaciones usuales. El sentido de su
mediación tiende hacia la estabilización de la colectividad. El brujo es el
miembro más conservador de su grupo. No hemos podido detectar nunca una
indicación "audaz", un consejo disolvente. Esto es claramente comprensible
si consideramos que para eso se creo su función.
Resumiendo, el brujo actual seria un
manipulador de las relaciones interpersonales, con el fin de lograr la
estabilización de su medio social. (En el grado en que el brujo efectivamente
se identifica con su rol).
Nuestra concepción, no podemos ocultarlo,
choca con la más difundida, que lo considera como psicoterapeuta. Para Juan B.
Lastres ([22]) y para
Gilberto Cavero ([23]),
el brujo cura por sugestión, la sintomatología psiquiátrica convencional en su
visión vernácula. No tienen empacho en sostener, por ejemplo, que el
"susto" es una manifestación histérica, ignorando que tanto el susto
como la histeria son síndromes culturales, cada uno válido en su cultura, y que
no podemos juzgar la patología quechua,
producto de la cultura quechua, con el medio de nuestra forma de vida.
Claudine Freidberg avanzó más. Ya no se
trata, para ella, de curas sugestivas, sino de catarsis bajo narcoanálisis, es
decir, una curación abreactiva que lleva bruscamente los contenidos
inconscientes a la conciencia. También ella, seguramente familiarizada con el
psicoanálisis, juzga con el patrón de su cultura.
Esto es lo que concierne al contenido de su
función. ¿Y la forma? ¿Cómo desempeña
el brujo su cometido?
En la superficie, la diferencia entre “verdaderos"
y "falsos" está en el tipo de procedimientos.
Estos últimos suelen utilizar la
"limpieza con el cuy", que si bien tiene una tradición centenaria,
está muy desprestigiada. La diferencia estaría en que el procedimiento es
indirecto y no directo como la adivinación, la captación intuitiva o la
percepción alucinatoria. Pero hay otras diferencias más significativas que los
procedimientos. El curandero "verdadero", es patriarcal, bondadoso,
humilde y sencillo, responsable de sus pacientes, desinteresado. Conciente de
la jerarquía de su status y cómodo en él, sólo se molesta seriamente cuando se duda de su prestigio o cuando se pondera
delante suyo a otro curandero. Es raro que deje a un paciente sin tratamiento
porque no tenga dinero: le abre crédito y es raro que no le paguen. Esta es una
de las cualidades que más se le reconoce al buen curandero, sobre todo en vista
de que su clientela más numerosa proviene de los sectores menos pudientes.
Además, sus honorarios no suelen ser altos. El curandero "falso"
ofrece otra imagen; jactancioso, autoritario, interesado, tenso por el esfuerzo
de lograr una ubicación de prestigio, procura hacerse notar. Sus honorarios
pueden ser muy elevados, a veces mayores que los de los catedráticos limeños, y
los exige por adelantado. Poco responsable y sin un prestigio sólido que
cuidar, no vacila en prometer curaciones en casos considerados incurables por
sus mismos colegas. Hay más: busca activamente a su clientela, en lugar de
esperarla dignamente. Los que han viajado a Salas en transportes públicos,
saben que en los paraderos hay buen número de personas ofreciendo los servicios
de tal o cual curandero, como se ofrece cualquier mercancía, aún suelen tener
agentes en Lima, que le buscan clientes mediante una promoción personal que es
verdaderamente precursora de la publicidad actual.
Como se notará, hemos definido cualquier
actividad comercial actual. Y de eso se trata. Los "falsos" han
adoptado una forma de trabajo acabadamente capitalista. Este es el curanderismo
que está en auge, mientras que el otro, de forma todavía casi puramente comunal
retrocede, refugiándose en lugares remotos o retirándose como Mamá Anselma, de
Salas, que tapió el santuario con el que se protegía de los maleficios de los “competidores"
y abandonó la profesión, para vivir pacíficamente refugiada en su prestigio de
decana del curanderismo.
CONCLUSIÓN:
Sin duda ese
rol tiende a configurarse; no está dado y acabado. Aún más: como vimos el mismo
rol tiende a cambiar.
Esto
significa, sobre todo, que no todos los curanderos desempeñan el mismo rol y
que no todos los que lo desempeñan se ajustan totalmente a él.
Cabe todavía
la consideración que, en sociedades vecinas, pero con rasgos diferenciales, significativos,
los curanderos desempeñan diferentes roles. Existen, y son numerosos, los
curanderos que actúan exclusivamente como médicos empíricos, limitándose a
diagnosticar y recetar.
Esto,
obviamente, no invalida el hecho de que en las haciendas de la costa Norte, la
manipulación de las relaciones interpersonales sea el recurso cada vez más
empleado para resolver la tensión en el trato humano y los transtornos de la
repercusión de esta tensión en cada individuo.
Por último,
debemos concluir que las condiciones de vida contradictorias en
Lima, abril
de 1968.
BIBLIOGRAFIA
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MEDICINA PERUANA. Lima, 1951.
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[1]/
Observaciones complementarias sobre el curanderismo. Dr. Mario Chiappe Costa,
1968, Trabajo inédito.
[2]/ Lastres, Juan B., Historia de
[3]/
NUEVA CRÓNICA Y BUEN GOBIERNO, Felipe Guamán Poma de Avala Pg. 195
[4]/ ídem, Tomo I. Pg. 200, Edición e interpretación de Luis
Bustíos G. , Lima, 1956.
[5]/
ídem, Tomo III, Pg.
72, Edición 1966
[6]/
ídem, Tomo I, Pg. 189
[7]/
COMENTARIOS REALES DE LOS INCAS, Obras Completas del Inca. Garcilaso de
[8]/
De ellos se espera recibir protección porque poniendo todo de su parte para ganarse "el pan con el sudor
de su frente", quiere la
colaboración de estas fuerzas para que lo ayuden a controlar lo que no está en su poder: los accidentes, lo fortuito, que amenaza siempre el producto de su esfuerzo. Se
dirige siempre a lo que está dotado un espíritu superior y poderoso al
que hay que propiciar. (Subrayado nuestro) RELIGIÓN Y MAGIA EN TUPE (YAUYOS), Carmen Delgado de Thays, Museo
Nacional de
[9]/
Felipe Guamán Poma, ob. cit. Tomo I. pg. 198.
[10]/ Gaudelier, Maurice, "El Modo de
Producción Asiático", Ed.Eudecor 1966, Pg. XXVIII.
[11]/
Delgado de Thays, Carmen, ob. cit. Pg. 29
[12]/
Consideramos probado el carácter capitalista,
cono lo sostienen (10, 11, 12).
[13]/ Dice
Kardiner: "El hombre se define también por lo que puede hacer ya que se
reconoce en sus obras y una teoría de la naturaleza humana debe dar también su
lugar a los sistemas, de acción mediante los cuales el hombre domina al mundo
exterior y busca su acuerdo con el mundo social (Tomado de
[14]/ Sprott
V.H.j" En "Grupos Humanos" dice. "El propósito de este capitulo es mostrar que las
características que hacen del bípedo
implume que "naturalmente" somos, un "ser humano", derivan
de la interacción social.
[15]/ SURCOS DE PAZ (1963) pg. 99, "Los
principales defectos de éstas grandes organizaciones, desde el punto de vista
social, consisten: en la gran extensión de tierras, en las condiciones de
sueldos y salarios, que no constituyen una compensación justa al trabajo, en la
fiscalización que ejercen en la vida de la comunidad rural a ser propietarios
de los centros poblados donde viven sus servidores; en las trabas que oponen a
la libre sindicalización; y sobre todo, al hecho de que éstos grandes fundos o
empresas determinan una extremada dependencia de grandes sectores de la
población…”
[16]/
Este concepto debe ser comprendido dentro de
[17]/ Rotondo Humberto, "la
envidia..." Revista de Sociología Univ. Mayor de San Marcos, Enero-Julio,
1966, vol. II, # 4.
[18]/ Sprott W.H.J., Grupos Humanos, Pg. 30,
"En realidad, el "individualismo" el hecho de defenderse sólo,
exigir los derechos propios, buscar la propia ventaja, tener capacidad de empresa, odiar que lo manden, etc., es
cultivado por una sociedad, pero no es forzoso que otras sociedades
lo cultiven." (Subrayado nuestro)
[19]/
Qué tiene hasta hoy despotenciadas y divididas a nuestra sociedad y nuestra
cultura?... Propongo la tesis de la dependencia
como causa fundamental, descartando la raza, la tradición, la lengua o, la religión como factores
determinantes. Y entiendo dependencia en el sentido tanto de un lazo de
subordinación cuanto de un sistema social y económico mediante el cual se
establece y perenniza tal lazo. "LA CULTURA DE LA DEPENDENCIA, A. Salazar
Bondy, Pg. 12, IEP Mesas Redondas No.8,
Oct. 1965.
[20]/
José de
[21]/
[22]/
Lastres Juan 3. HISTORIA DE
[23]/
Gilberto Cavero B, SUPERSTICIONES Y MEDICINA QUECHUAS, Lima 1965, Pgs. 29 y 30.

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