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EL CURANDERISMO EN LA COSTA NORTE PERUANA

 





EL CURANDERISMO EN LA COSTA NORTE PERUANA

DR LUIS V. DRAGUNSKY


¿Por qué prospera una actividad mágica en una época en que la ciencia y la razón se extienden y penetran hasta lo cotidiano?

Para responder esta pregunta, procuramos establecer cuál es el rol del curandero, y qué significa ese rol para la comunidad en la que actúa.

 

INTRODUCCIÓN:

 

En toda la Costa Norte del Perú y especialmente entre la población de las grandes haciendas, el curanderismo tiene una gran difusión. Se puede decir que todo el mundo comparte las ideas básicas que sustentan al curanderismo. Patrones, ejecutivos, ingenieros, empleados, obreros -hasta los mismos médicos- tienen absoluta convicción en el "daño". Como anécdota significativa, señalaremos que en varias haciendas azucareras son los patrones quienes envían a sus obreros y empleados al curandero, especialmente a los alcoholistas.

El curandero, brujo, curioso, cirujano -como es llamado- goza de elevado status y gran estima. El número de los profesionales del curanderismo es grande, pero imprecisable.

Están dispersos en una vasta área, desde Casma a Piura, pero se distinguen dos centros: Las Huaringas en la Sierra, inaccesible para el visitante común, y el pueblo de Salas, anti­gua comunidad agrícola que arruinada por la falta de agua reflotó su economía dedicándose al curanderismo ([1]}. Allí es donde encontramos la mayor densidad de población dedicada a
esta actividad. El pueblo todo se nutre de ella, a tal punto que el único hotel prácticamente funciona como clínica:  la comida que allí se sirve es la "dieta aliñada" prescripta por los curanderos.

El pilar fundamental de la brujería es la herboriste­ría, de la que son consumados virtuosos. Toda la brujería es­tá basada en las virtudes mágicas y terapéuticas del "San Pedrito" (Trichocereus Pachanoi), un cactus puya infusión tiene poderosas propiedades alucinógenas por su alto contenido de mescalina. Todos los participantes de una "mesa" cumplen con la condición de beber San Pedrito, sin omitir al brujo, que se limita a oír y ver alucinatoriamente lo que le "dice" la hierba. No emplea para el diagnóstico ni la prescripción del tratamiento generalmente -ningún otro procedimiento que la intuición y el conocimiento alucinatorio, mágico. La técnica y la "teoría" de los brujos se ha enriquecido últimamente con dos aportes: el cristianismo, que participa a través de San Cipriano, patrono de los brujos, cuya imagen jamás falta en una "mesa", eventualmente un crucifijo y la noción del Dios bueno que ayuda; la otra fuente es la magia standarizada que llegó en algunos libros argentinos como "San Cipriano", "Magia Negra", "Magia Verde", "El Libro de los Sueños", y otros similares, que no sólo son creídos a pie juntillas sino buscados afanosamente -seguramente para sorpresa del editor.

    

En los últimos tiempos, en los últimos diez o quince años, el número de curanderos aumentó explosivamente sin que éstos recién llegados conservaran la ortodoxia en la tradición y los procedimientos. Así, el consenso público distingue netamente dos categorías de brujos: los "verdaderos" y los "falsos", es decir, los que no tendrían autentico poder mágico ni capacidad de adivinación, o para utilizar la expresión propia "no pueden ver". Los conocedores y gente de la zona nunca se hacen atender por los "falsos", sino que buscan a los "verdaderos" en los lugares alejados donde se suelen refugiar.

Esta extensión del fenómeno, que hace que acudan multitudes desde todo el país -Lima incluida- sin distinción de clases, requiere alguna explicación. No podemos atribuirlo con ligereza a la curiosidad o a la sugestión, ni podemos ignorar que semejante aceptación no sería posible si el curandero, por último, no curara. En el ámbito de su competencia el "mal ajeno"- es ampliamente eficaz y cuida de no inmiscuirse en el terreno médico, distinguiendo el "mal de Dios" o patología propiamente médica, del "mal ajeno" o "daño" ("mal ajeno" significativamente sugiere "hecho por otro hombre"). Nuestro propósito, esquematizado así el problema, es intentar una explicación de la difusión y el éxito del curanderismo. Pensamos que podemos encontrarla buscando la problemática que resuelve y analizando la función so­cial del curandero, es decir, qué significa su rol para la co­munidad en la que actúa, y analizando esa función y las formas en la que la desempeña.

Para ello, contamos con el material recogido durante nuestra permanencia en la zona realizando un estudio especí­fico en el tema. Parte de ese material ha sido cuidadosamente comprobado, otra parte proviene de información proporcionada por curanderos y pacientes, y una última parte es producto de nuestra observación personal, estando tamizada sólo por una dosis prudente de escepticismo. Las interpretaciones que nos per­mitimos sólo caben en un trabajo, que como éste, sólo preten­de ser un ensayo sobre psiquiatría social.

    

EL BRUJO PRIMITIVO:

 

Tenemos que confesar que hacer cualquier afirmación seria sobre el antiguo curanderismo es más difícil de lo que creíamos debido a la falta de información arqueológica y antropológica. No podemos basarnos en interpretadores y comen­taristas, ni interpretar a los interpretadores, sino dirigir­nos a las únicas fuentes que conocemos: los cronistas. El obs­táculo mayor con el que tropezamos al estudiar a los cronistas ha sido que produjeron una crónica atemporal y que se refiere únicamente a las épocas de la colonización y a la inmediatamen­te anterior; toda referencia a otras épocas se esconde bajo el rótulo nebuloso de "tiempos antiguos" y tiene caracteres mitológicos. Así, es imposible comprobar evoluciones o establecer vinculaciones entre los roles de distintos tipos de brujo. No hemos querido interpretar qué fue lo que realmente quisieron decir los cronistas, pero fue necesario filtrar algunas afirmaciones producto de prejuicios y opiniones personales, tomando exclusivamente el material que puede considerarse objetivo.  

La deficiencia que más lamentamos es no haber encontrado más que la crónica del Imperio Incaico; ninguna referencia concreta a las culturas pre-incaicas anteriores al Siglo XIV, particularmente la Mochica-Chimú, propia de la zona que estudiamos.

Todas estas limitaciones han reducido notablemente el
material original, de modo que seremos cautos al hacer afirma­ciones.

Hechas las salvedades, pasemos a los hechos.

Sin duda, durante el Incanato, curandero, médico, hechi­cero y sacerdote han sido una función desempeñada por una sola persona y algunos de estos roles han sido ejercidos simultánea­mente por otra persona, como en el caso del barbero. Para evi­tar confusiones definiremos estas funciones:

Curandero es quien cura utilizando generalmente métodos mágicos. El rasgo característico es que su rol es no oficial. Médico, el que cura utilizando generalmente medios em­píricos y su función es oficial. Aquí las excepciones pueden ser tan numerosas como la regla, a tal punto que los sacerdotes curaban exclusivamente por medios mágicos.

Hechicero, con el mismo significado que actualmente se designa con el término "malero", quien hace maleficios o per­judica a terceros por medio de la magia. Durante el Incanato eran adivinadores del porvenir.

Sacerdote, el intermediario oficial ante los dioses, sin acción práctica sobre problemas concretos.

Veremos que casi siempre estas funciones se superponen, mezclan y confunden de modo de hacerse muy difícil saber cual es el rol fundamental. Esto no es un defecto sino una característica: ha sido precisamente la maduración en el proceso de organización social, la que como parte de la división del tra­bajo deslindó con claridad los roles ([2]). Así, la consolidación del clero como casta durante el Incanato significó no sólo el monopolio oficial de la hechicería ([3]), sino más tarde su desvinculación de la medicina tras haberla ejercido sólo entre los "orejones" (nobleza).

Pensamos que la Conquista Española conmocionó el proceso de separación de los roles al amputar violentamente el cle­ro junto con la organización íntegra del Imperio Incaico, y que esto puede haber acelerado la diferenciación y difusión de curanderos y médicos barberos.

Los primeros datos precisos de los curanderos que podemos considerar antecesores de los actuales, los encontramos en Guamán Poma, quien los llama “hechiceros que chupan", describiendo sus procedimientos que son muy similares a los actuales. Debemos hacer notar que para el cronista los curanderos merecían la misma opinión despectiva ([4]) que para muchos académicos contemporáneos, mientras defiende a los "indios cirujanos" o barberos ([5]). Es también el mismo autor el primero en hablarnos de "falsos hechiceros" ([6]). Garcilaso, al hablar de los hechiceros destaca que hechizaban "o por envidia o por otra mal querencia" ([7]). Este dato, de fines del Siglo XVI nos ha­ce reconocer que no hemos descubierto la pólvora. 

Creemos que la diferenciación de funciones tuvo dos polos ideales en cuyos extremos estaban el sacerdote y el médi­co representando aproximadamente la dualidad magia-ciencia en su sentido actual.

El significado que atribuimos a estos hechos es que lo sobrenatural tenía la "unidad de ser la causa de todas las dificultades humanas, o por lo menos, con seguridad de aquellas, cuya causa no conocían. Lo sobrenatural y mágico era también todo lo ignorado. Entonces, el rol de brujo era múltiple por­que tanto el terremoto como la sequía, la peste y la enferme­dad individual reconocían como causa única a las fuerzas so­brenaturales. Sobrenatural y amenazante, desconocido y amena­zante era lo que provenía de la naturaleza, desde el rayo y la sequía al bacilo de Eberth. Aquella cosa amenazante que hay que conjurar o cuyos bienes hay que implorar, es la naturaleza. El brujo, aun antes de diferenciar sus distintos roles, tenía el rol principal de proveer -a su manera- un medio para controlar lo que el

hombre aún no sabía controlar ([8])

El brujo era, entonces, un mediador entre el hombre y la naturaleza.

No excluímos que también intervieniera para resolver problemas entre los hombres, pero esta no era su actividad fundamental. De esta actividad sólo queda el testimonio de los "ritos para juntar gente" mediante filtros del amor, que nos cita Guamán Poma ([9]).

Los "maleros" merecen una mención especial porque son mencionados muy a menudo por los cronistas y porque aún hoy ésta es la imagen popular que se tiene de todos los curanderos. Creemos que los "maleros" deben haberles llamado mucho la atención a los cronistas, no sólo por su pintoresquismo, sino por­que entroncaban con la tradición demonológica que la Inquisición tanto fortaleció. Pero la difusión de los "maleros" o hechiceros- ocupados en relaciones interpersonales- sólo ilustra la modali­dad de dichas relaciones, más que su intensidad o extensión. Eran relaciones directas y explícitas hasta la brutalidad, donde la agresividad no se atenuaba con las sofisticaciones que la cultura actual provee. Es posible que la hostilidad en nuestro "mundo "civilizado" sea aún mayor que en aquel," pero la hipocresía, entre otros recursos, ha permitido lubricar el trato social prescindiéndose de instituciones ad-hoc. Creemos que eso era el ma­lero: una institución social propia de sociedades primitivas para canalizar la hostilidad y agresividad, haciéndolas indirectas y a veces también, sin duda, su brazo ejecutor.

La ubicación clara del brujo y su función requiere al me­nos una descripción somera del medio en que nació y prosperó.

El Incanato, fusión imperial de varios grupos de culturas regionales se caracterizaba por la producción agrícola sobre ba­ses de propiedad comunal, con dominio del riego, regida por una monarquía teocrática absoluta y paternalista. Correspondería bá­sicamente a la así llamada "sociedad asiática".

En el momento de la llegada de los españoles, el sistema se encontraba debilitado por la crisis que precedía a su transformación en una sociedad de clases, basada en la te­nencia de la tierra sobre el criterio de la propiedad privada. ([10]) Según la vieja nomenclatura, ésta forma de organización es de­signada como "estado medio de la barbarie".


Queremos remarcar que esta organización se fundaba en la inexistencia de propiedad privada de los medios de producción. Por lo tanto, tampoco existían clases sociales, aunque las castas estaban delimitadas rígidamente, como forma de estratificación de la sociedad.

Debido a que la transición estaba en marcha, existían y aún muy desarrollados, muchos de los roles que más tarde caracterizarían a la futura organización. Por ejemplo, seguramen­te los "orejones" hubieran sido los futuros terratenientes, pero el hecho, es que aún no lo eran.

Aquellas condiciones de vida seguramente no eran idílicas, como es notorio en la extraordinaria crueldad de las sanciones que aplicaban, pero la organización comunitaria no sólo excluía la competencia, ya que la producción y el trabajo eran reglamentados verticalmente por el Inca, sino que el rudimentario sistema de previsión tenía alcances absolutos, como todas las disposiciones del Inca. Todos los desvalidos eran so­corridos, albergados y alimentados. No existían, se puede decir, necesidades vitales individuales insatisfechas, en el apogeo del sistema. Obviamente, esto no excluye las grandes ne­cesidades colectivas.

Los problemas principales de la sociedad eran los relativos a la producción, como está explicitado en la legislación que transcriben los cronistas. Afortunadamente, podemos citar los verdaderos documentos antropológicos, vivientes que las peculiaridades del Perú nos ofrecen. Por su terreno cordille­rano y accidentado y la falta de caminos, muchas comarcas se­rranas han quedado al margen del paso del tiempo, aisladas de los conquistadores y sus descendientes. En casi todos los as­pectos, allí se vive todavía como durante el Incanato. Es de una de esas comunidades que la Dra. Delgado de Thays nos dice "por lo demás todos los actos propiciatorios a los poderes sobrenaturales, están principalmente inspirados en el afán de asegurarse alimentación: ganadería y agricultura, las dos bases de su economía, son las actividades que acaparan no sólo la atención natural sino también la sobrenatural.([11]) (Subrayado nuestro).

Consideramos que es de la mayor importancia la observación de Chiappe, quien ha notado que dichas comunidades aisla­das que conservan formas de vida de hace varios siglos, tienen una patografía que proviene casi totalmente de la naturaleza: las causas de la enfermedad son
el cerro, el río, el aire, la que­brada, etc.; Gilberto Cavero amplía esta lista con el arco iris, la tierra misma, etc., aunque refiriéndose al acervo médico in­caico. Donde las comunidades han mantenido contacto con nuevas formas de vida y se han asimilado a ellas, aparecieron o se extendieron enfermedades cuyas fuentes es el hombre, o las relaciones interpersonales: el "mal de ojo", el "susto", el "chucaque", el "daño", etc.      

Veamos de qué forma cumplía el brujo su cometido. La magia, su arma constante, era evidentemente congruente con la épo­ca puesto que era la herramienta conceptual más acabada que aque­lla sociedad pudo producir. Cuando la ciencia y la tecnología estaban por inventarse, las cosechas dependían de la benevolen­cia de la naturaleza. Como vemos en la historia, la magia se va abandonando a medida que el hombre sabe cómo arrancar a la natu­raleza sus frutos y cómo protegerse de ella. En éste proceso de creación de la técnica y el pensamiento racional, el desvalimien­to es reemplazado por la operatividad. Es decir, el pensamiento mágico es previo al pensamiento racional, la asociación simpáti­ca es previa a la asociación lógica, tanto como el desvalimiento y la dependencia son previos al control de las fuerzas naturales. La lucha por la supervivencia exige adaptación al medio; es en éste proceso que el hombre adquiere control de ese medio, cambian­do al mundo y cambiándose a sí mismo, haciéndose racional. La estructura conceptual del hombre es producto y refleja su rela­ción fundamental, en este caso, la relación hombre-naturaleza.

 

LA NUEVA SITUACIÓN:

 

¿Y que sucede entre nosotros? En primer lugar, en la sociedad capitalista atrasada ([12]) de la que las grandes haciendas del Norte; son parte importante, la relación hombre-naturaleza es otra. Ahora el hombre controla la naturaleza de un modo consciente y racional, como lo demuestra el riego, el uso de abonos químicos, la selección de variedades de caña, la standarización de rendimientos, el escalonamiento de la siembra y la inducción de la madurez para cosechar según la planificación previa, etc.

¿Haría falta ahora invocar la ayuda de oscuras fuerzas naturales? Ese control e independencia de la naturaleza, que es pro­ducto de la organización social, del trabajo social, permite y obliga al hombre a desplazar el eje de su relación fundamental, de la naturaleza a los otros hombres, y recién entonces con la naturaleza. La relación con la naturaleza se hace mediata, ya no inmediata. Recíprocamente, sólo gracias a que actúa en socie­dad sobre la naturaleza, ya no individualmente, es que ha llega­do a dominarla.

Cuando, el grado de organización social alcanzado es elevado, para cada hombre adquiere prioridad su trato con otros hombres, porqué sólo a través de ellos puede sobrevivir y satisfacerse. Cuando para comer carne hay que comprarle un bistek al carnicero, en lugar de cazar un búfalo, la relación fundamen­tal del hombre es con otro hombre, ya no con la naturaleza directamente.  

Detengámonos en esto. La especie humana manifiesta dos
conductas principales posibles ([13]), la de reacción y la de re­lación. La primera de respuesta a los estímulos. El estímulo provoca una respuesta y cesa como estímulo. Tal es el caso de todas las necesidades primarias, como el hambre, el frío, etc. Estos estímulos y las respuestas pueden ser muy complejos, pero su característica será la falta de interacción inmediata y di­recta.

La conducta de relación implica interacción y reciproci­dad, la respuesta no anula el estímulo, sino que lo modifica, para provocar otra respuesta distinta, de modo que toda la per­sonalidad queda comprometida. Es lo que sucede cuando el estí­mulo es la conducta de otro hombre, ya no la naturaleza inani­mada o el propio cuerpo.

En la medida que el hombre fue madurando, la organización social y reemplazando su actividad individual por la actividad de la sociedad en su conjunto, debido a la división del trabajo, etc., la conducta de relación fue adquiriendo categoría de fundamental, a tal punto que ahora ningún hombre podría prescindir de su relación con los otros hombres, ni aún para la satisfacción de sus necesidades más elementales. La trascenden­cia de estos hechos es tan grande que aún no se conocen sus al­cances totales. Baste señalar que muchos autores señalan esta conducta como el fundamento de la humanización ([14]). Es ahora el grupo, la sociedad como organismo y como unidad, la que trata con la naturaleza en un nivel superior que ya le permite controlarla. El énfasis está puesto en trato entre hombres y só­lo la armonía y el equilibrio en este ámbito permiten por un lado el total control de la naturaleza y, por otro lado, la to­tal humanización como hombre social, activo y creativo.

Esa armonía y equilibrio son los que están perturbados en este caso por dos motivos básicos: la apropiación y la competencia, inherentes a la organización social existente.

 


RELACIONES CON EL GRUPO DOMINANTE. LA APROPIACIÓN:

 

¿Cómo interviene la apropiación?

     

     El producto del trabajo social pertenece sólo al propietario de la hacienda y a su grupo. Sucede lo mismo con los medios para obtener ese producto, es decir, las herramientas tanto materiales como intelectuales utilizadas para obtener ese producto, como son la ciencia y la técnica. No olvidemos que la gran mayoría del personal de las haciendas es analfabeto y que esto no es casual. Hemos visto que la planificación y el dominio científico de la naturaleza son características funda­mentales; pero en éste caso, esto no es exactamente función del "hombre" sino sólo da un sector pequeño y bien delimitado -el patrón y los directivos de la hacienda-. La exclusión en éste proceso de la mayor parte del personal tiende a perpetuar en ellos la relación ancestral y la antigua estructura concep­tual. La mayor parte del personal, por ejemplo, los palaneros, deben tener sólo una idea muy vaga y superficial -si la tienen- de cómo por qué se eligen los abonos, o por qué el químico,
sacarímetro en mano, posterga la zafra cuando la caña parece
madura.

     El proceso de control de la naturaleza no es todavía racional para ellos porque aún no se han incorporado como grupo social a este proceso.

     La apropiación del producto del trabajo social, al dejar en manos del sector menos numeroso la técnica y la conducción de la comunidad, crea condiciones "pasivizantes" de depen­dencia e "irracionalidad" (en el sentido de exclusión, no de transgresión).

     Así es. El peón de hacienda no participa ni con su acción ni con su opinión en el manejo de los hechos que más le incumben ([15]), como la conducción de la hacienda, del pueblo, de su propio trabajo, etc. Su condición de ser racional es a estos fines, superflua y casi un estorbo.

     La magia, el viejo pensamiento mágico que la tradición, le hace tan familiar, en cambio, es su patrimonio exclusivo, el ámbito en que objetivamente es mantenido.

 

RELACIONES HUMANAS DENTRO DE LA COMUNIDAD - LA COMPETENCIA.

      Si antes la supervivencia y la seguridad provenían del éxito en su lucha contra la naturaleza, ahora la supervivencia y la seguridad provienen de su relación con otro hombre: el que le da trabajo. La supervivencia y la seguridad tienen ahora la forma de salario. Antes lo amenazaban oscuras fuerzas naturales. ¿Qué lo amenaza ahora? Sólo otro u otros hombres pueden quitarle su salario, su seguridad; la lucha por la seguridad asume ahora la forma de lucha por el salario o de defensa de él.

     Dos cosas lo amenazan: que el patrón que le da trabajo
se lo quite, y ésto es otro aspecto de la apropiación, que no analizaremos; o que otros hombres luchen con él para quitarle el salario. Puede suceder, y en efecto sucede, que otros hombres -sus compañeros- aspiran o necesitan el mismo salario que él ([16]); ésto crea condiciones de relación entre ellos que vere­mos a continuación.

     La lucha que se plantea, independientemente de los propósitos o la voluntad de los participantes, se da en condicio­nes en que el triunfo de uno significa forzosamente la derrota de otro. Esta lucha es la competencia.

     Entendemos por competencia un tipo de relación que significa éxito para uno o unos de los miembros participantes a expensas de los otros. Su esencia es la exclusión. Se trata pues de una relación de oposición, diríamos que la inversa de la so­lidaridad. 

     El compañero, el amigo, el vecino, son ahora competidores, enemigos potenciales, postulantes que lo pueden excluir. El triunfo de ellos será su derrota, el bienestar de ellos se­rá su malestar. El éxito es función de la derrota. Sólo cuando alguien fracasa existe alguien que triunfa (Carlos Delgado, Amaru Pg.20.)

     Como resultado de la competencia y de la disolución de la solidaridad, queda un sedimento de reserva, de hostilidad, de "separatidad", utilizando el término introducido por E. Fromm, y que se manifiesta ante todo como tensión interpersonal.

     Una vez planteada, la relación de competencia, no es posible el tabicamiento. No puede haber acuerdos parciales para ser competidores en el trabajo y solidarios en todo lo demás.

     Entonces, la competencia se hace global, se extiende a todos los aspectos de las relaciones interpersonales y se compite por el trabajo, por la mujer, por quién tiene mejor casa o me­jor ropa o mejor cualquier cosa -la ostentación- porque se tra­ta de una relación ya aprendida.

     No intencionalmente, todos los problemas interpersonales
son referidos a este encuadre. 

     La tensión interpersonal es la problemática primordial en el nivel fenomenológico porque expresa en resumen todas las distorsiones, vicios y atrasos de la sociedad. El hombre en tan­to que es miembro de una sociedad y formada por ella y en ella, la asume y sintetiza. Así, todas las "dificultades" sociales re­vertirán inevitablemente en el individuo. En este caso, la ins­titución social que la tradición tiene preparada como solución -el curanderismo- atiende no ya a los determinantes sociales, sino que actúa como paliativo individual e interindividual.

     Para expresarlo en los mismos términos, los conflictos
que tendrá que resolver ahora el curandero, no son con la natu­raleza sino con los otros hombres.  

 

LA EXPRESIÓN SUBJETIVA DE LA COMPETENCIA:

 

     ¿Por qué decimos que son referidos no intencionalmente?

     Porque ninguna relación objetiva obliga mecánicamente a que se tome conciencia de ello. El peón de las haciendas no hace un lúcido análisis do sus relaciones y tendríamos que sorprendernos si lo hiciera. No puede dejar de sentir la situación, pero no puede todavía comprenderla cabalmente.

     De todos modos, procura comprender o interpretar lo que
está sintiendo, darle alguna explicación a esa situación que lo perturba. Verbaliza entonces una explicación que refleja el gra­do de conciencia que tiene de su propia vida y de sus relaciones. Una verdad a medias es una media mentira, una conciencia parcial es una conciencia distorsionada. La conciencia distorsionada de competencia es la envidia. Queremos decir que el hombre siente la hostilidad de su
prójimo, pero aún no es capaz de atribuirlo con precisión a que su prójimo es un competidor; él lo conciencializa distorsionadamente como prójimo envidioso.

 

LA ENVIDIA:

 

     La envidia, como la competencia -y precisamente porque
es expresión de ella- es una forma de relación. Entiéndase que no se trata sólo de un estado de ánimo o de un contenido de con­ciencia, sino del fenómeno subjetivo producido por una relación entre hombres. Esta emoción es trasunto y reflejo de dicha rela­ción y es dicha relación lo que debemos ver detrás de la envidia. De este modo, la envidia deja de ser una resbalosa cuestión subjetiva para transformarse en un fenómeno objetivo: es una de las maneras en que dos personas pueden tratarse. 

     Este enfoque liquida la cuestión de quién envidia a quién, o si la sensación de ser envidiado es una proyección de la envi­dia que uno mismo siente; desde nuestro ángulo éstos dos enfo­ques no son separables; por el contrario, la unidad envidiar – ser envidiado (es decir, envidiar y captar la envidia que el otro siente hacia mí) define el fenómeno como interhumano, ya no como intrahumano.

 

     Por eso, todo intento de explicar la envidia como fenómeno individual y psicológico, no explica nada. Considerarlo ([17]) un mecanismo de defensa sólo posterga la cuestión dejando sin expli­car precisamente lo fundamental: ¿por qué el hombre siente envidia?

     Queda el problema de la determinación de la envidia.  La afirmación de que la envidia es la conciencia distorsionada de competencia, puede hacer suponer que quienes no participan en alguna actividad competitiva serían ajenos a la envidia. Ese no es el caso. Si bien la formulación de esta hi­pótesis es esquemática, estamos lejos de concebir una determina­ción mecánica. Es obvio que las relaciones se difunden y alcanzan a personas excluidas del proceso objetivo determinante. En este caso, la relación -y la sensación- envidia es aplicada al principio al sujeto competidor pero luego otras personas no in­volucradas directamente en la situación de competencia son tra­tadas como competidores. Si bien es difícil precisar minuciosamente los mecanismos por los cuales sucede ésto, creemos que uno de los más frecuentes debe ser el de la extensión de los roles. ¿Qué querernos decir con ésto? El individuo que participa en una situación competitiva cualquiera, no necesariamente se despoja de su rol de competidor cuando trata, más tarde, con su esposa o su vecino. Es más, probablemente le sea muy dificultoso ha­cerlo porque la competencia está presente en ámbitos muy variados y aún él mismo se encarga de extenderla. El resultado de esto sería que por fin aún dos personas sin ninguna vinculación objetiva anterior tengan una relación inicial en actitud de competidores envidiosos.   

     Por estas razones sólo hemos intentado precisar la naturaleza de la relación o las relaciones fundamentales, es decir, las que más se arraigan como pauta de conducta y, por lo tanto, más se difunden. Este sería el caso de la competencia y envidia, y, dicho sea de paso, la coincidencia de la amplitud de su difu­sión abona a favor de la interpretación que proponemos.

 

FACTORES CONCURRENTES QUE AUMENTAN LA TENSION INTERPERSONAL

 

     Tenemos que admitir que la competencia por sí sola no
explica todo. La competencia es uno de los modos de relación más difundidos y en otros lugares está sin duda mucho más acen­tuada que en el Norte peruano. ¿Por que entonces aquí llega a transformarse en un problema para la sociedad? Sin duda otros factores inciden. Hasta ahora hemos visto a la sociedad está­tica, "congelada" pero como todo organismo, tiene su propia dinámica y en la de esta colectividad encontraremos posible­mente las particularidades que nos expliquen el fenómeno. Aún para el observador desprevenido es llamativo el estancamiento en casi toda la Costa Peruana Norte, especialmente en torno a las grandes haciendas. La sociedad como unidad se caracteriza por la inmovilidad; no hay atisbos de intentos colectivos de progreso o mejora en cualquier sentido. Es más, todo parece indicar que estos progresos están bloqueados.

     La primera impresión es confirmada por el análisis de las estadísticas relativas al crecimiento de las fuentes de trabajo, ingresos per cápita y desocupación. La desocupación en especial, es un problema muy notorio, a tal punto que, por ejemplo, en Cayaltí sólo uno de cada cuatro hombres en condi­ciones de trabajar, tiene empleo en el ingenio o en el campo. Como compensación prosperan las actividades individuales mi­cro-comerciales, como las cantinas o el servicio de triciclos -versión occidental del rickshaw- de los que sólo en Cayaltí hay más de 500, mientras que en el ingenio trabajan menos de 300. Producto de esta situación existe un gran número de de­socupados, ociosos y semi-ociosos que constituyen lo que los economistas llaman "el ejército industrial de reserva". Este ejército constituye un verdadero mercado de mano de obra y para sus miembros la única perspectiva de "prosperidad y pro­greso" es un puesto estable en la hacienda, aún de los peor pagados (0.50 dólares por día). Como el número de desocupados es varias veces mayor que el de ocupados, cada puesto tiene tres o cuatro codiciosos pretendientes, que entablan una lu­cha tácita con el ocupante actual que procura no ser despla­zado. Como se comprenderá, la competencia en esta situación es muy aguda.

     Lo que decimos de las expectativas de trabajo es aplicable a casi todos los demás aspectos de la vida. Los pueblos anexos a las haciendas constituyen colectividades de unos dos mil habitantes, que se autoabastecen y que mantienen muy poca comunicación entre sí y con Chiclayo, la ciudad más próxima. Las más alejadas prácticamente no tienen ninguna comunicación directa. De este modo, la misma colectividad debe proveer a todas las necesidades humanas de sus integrantes, desde comida y diversiones hasta casa y una pareja.

     En las condiciones que describimos, proveerse de cualquiera de estas cosas es problemático: de comida, porque se depende del bono o ración semanal proporcionada por la empresa a sus trabajadores, lo mismo que las funciones de cine y la casa y el futuro marido o la esposa tendrá que ser forzosamen­te algún compañero de juegos de la infancia puesto que ni viene gente nueva, ni hay posibilidad de irse. La comida es la misma, las diversiones son las mismas, las casas son las mis­mas, las mujeres son las mismas, la vida es la misma, día tras día inacabablemente sin que nadie entrevea la posibilidad de romper este curso uniforme. El "quietismo", la resignación y la estabilización en un nivel muy bajo son entonces rasgos psi­cológicos de profundo arraigo. Esto es lo que Lewis define co­mo la "cultura de la pobreza" (Los Hijos de Sánchez).

     Puesto que las expectativas están clausuradas para la sociedad en su conjunto, la única alternativa es la emergencia individual, es decir, la expresión más depurada de individua­lismo, y uno de los factores más importantes de tensión interpersonal. 

     Otro factor que debemos señalar es la naturaleza acentuadamente individual del trabajo rural. En las grandes hacien­das la proporción del personal dedicado a tareas en el campo es aproximadamente tres veces mayor que el empleado en el in­genio y la factoría. Y las tareas de este personal rural, aun­que se organizan en cuadrillas, son acentuadamente individuales. Cada peón toma su machete o su pala y hace su trabajo las más de las veces sin ver a sus compañeros más que en los descansos. Esto incide notoriamente en el grado de conciencia de clase de los trabajadores. Es sabido que casi todos los dirigentes sindicales surgen del ingenio y sobre todo de la factoría, si bien influye el grado instrucción requerido para desempeñar estos dos últimos trabajos.

     La falta de verdadero trabajo en común, el hecho de no
ver en forma inmediata y directa el resultado del trabajo al
que contribuyeron todos crea una actitud acentuadamente indi­vidualista.

     Sin duda el individualismo es también hijo dilecto de la competencia; sólo queremos acotar que se suma otra fuente de individualismo. ([18])

 

PERPETUACION DE LA MAGIA:

 

     Hay además otras razonen específicamente culturales para explicarnos el por qué la población de las grandes haciendas se adhiere a la interpretación mágica del mundo. Estas razones son la fuerte tradición mágica de la población que constituye el 90% del personal de la hacienda y que provienen de la Sierra de donde llegaron recientemente o hace no más de una generación. Con­servan y cultivan en la Costa tradiciones milenarias que en el aislamiento de su comunidad se conservaron como en una probeta. Y esa cultura que han traído es netamente mágica.

     Podríamos esperar que su cultura tradicional se disolvie­ra en el medio al que se han incorporado, tomando las nuevas pau­tas culturales. (Cultura en su sentido antropológico, es decir, como un patrón de vida que pasa de generación en generación. (Oscar Lewis).

     Pensamos que la razón por la cual este sector de la sociedad permanece aislado culturalmente y no adquiere nuevos pa­trones de vida, es múltiple.

     El primer aspecto que debernos considerar es la naturale­za de la cultura a la que se incorporan. Somos conscientes de la dificultad para hacer una valoración objetiva, terreno en el que es tan fácil deslizarse hacia apreciaciones subjetivas o estimaciones éticas. Nos hemos remitido a lo que consideramos el consenso entre los intelectuales peruanos.    

     Enunciándolo esquemáticamente consideramos que el Perú se caracteriza por no haber producido patrones culturales pro­pios particularmente en lo que va de este siglo. En primer lu­gar, debido al atraso y dependencia de nuestra sociedad capita­lista ([19]) en la que la sujeción al mercado mundial y condicio­nes particulares de comercio han favorecido que hasta la cultura sea importada; baste citar el caso de los programas de tele­visión, punta de lanza de la "American way of life".

     La segunda razón ha sido la vacancia en el puesto de dirección en el proceso de aculturación determinado por las carac­terísticas peculiares de nuestra clase dominante, de la que sa­bemos desde antiguo que ha renunciado o no ha sabido asumir ese rol, el de establecer formas do vida nacionales. Ya José de la Riva Agüero se refiere a la oligarquía en términos des­pectivos: "Pobre aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo.” ([20]). En la actualidad, los intelectuales se refieren a nuestra forma de vida en términos no menos duros. Salazar Bondy nos habla de la "mistificación de los valores, la inautenticidad de las actitudes, la superficialidad de las ideas y la improvisación de los propósitos", y agrega, "entiendo por mistificación de los valores esa peculiar situación que se presenta cuando se acepta y oficializan como valiosos hechos, personas o instituciones que no corresponden a la realidad, a los modelos postulados o que han perdido su eficacia o su sentido” ([21]) 

La tercera razón la encontrarnos en las condiciones de
vida del sector más pobre de la población, que constituyen
lo que Oscar Lewis ha llamado la cultura de la pobreza y que define como "un sistema de vida, notablemente estable y persistente...” Las condiciones materiales de vida determinan pautas de conducta, costumbres, modalidades psicológicas, en fin, toda una forma de vida que el hombre se resiste a cambiar y uno de cuyos rasgos característicos es, citando nuevamente a Lewis, "una calidad residual, en el sentido de que sus miembros intentan utilizar e integrar en un sistema de vida operable, remanentes de creencias y costumbres de diversos orígenes".

     Otros autores van más allá, como Bastide, quien observa
que las colectividades que han migrado suelen conservar sus convicciones y tradiciones más antiguas, como punto de referencia en medio de un mundo que se mueve y que aún no conocen, re­sultando un reforzamiento de esas convicciones, que en este caso son las convicciones mágicas.

     La suma de estos factores ha tenido como consecuencia
que la cultura milenaria, de la comunidad del arado de palo es tomado por toda la sociedad de manos del campesinado semi-proletarizado. Así se hace comprensible lo que decíamos al comienzo que hasta los patrones y ejecutivos comparten las ideas básicas que sustentan al curanderismo.    

 

LA FUNCION DEL BRUJO ACTUAL. FORMA Y CONTENIDO: 

    

Hemos intentado definir el medio social y la función
del brujo ancestral. Lo hemos visto surgir de su colectividad para transformarse en una institución, actuando en la relación fundamental del grupo cuando aparecían problemas. Hemos visto las condiciones de vida y la problemática actuales. Y vemos al brujo actual mediando en ella. Porque el brujo, como institución, actúa ante las perturbaciones en la relación fundamental, es decir, en las relaciones interpersonales.

     Decimos "interpersonales" y no "sociales", porque el      brujo es ajeno -que nosotros sepamos- a la problemática "social" en sentido estricto. Por ejemplo, no interviene en huelgas, ni en la formación del sindicato, etc. Su ámbito serían las relaciones microsociales: persona a persona, o persona a familia, a grupo de amigos, etc. Manipula en ellos, modificándolos, reforzándolos, disolviéndolos: deje a su amante, deje a los amigos, vuelva con su señora, respete al patrón, ande sólo, son las indicaciones usuales. El sentido de su mediación tiende hacia la estabilización de la colectividad. El brujo es el miembro más conservador de su grupo. No hemos podido detectar nunca una indicación "audaz", un consejo disolvente. Esto es claramente comprensible si consideramos que para eso se creo su función.

     Resumiendo, el brujo actual seria un manipulador de las relaciones interpersonales, con el fin de lograr la estabiliza­ción de su medio social. (En el grado en que el brujo efectiva­mente se identifica con su rol).

     Nuestra concepción, no podemos ocultarlo, choca con la más difundida, que lo considera como psicoterapeuta. Para Juan B. Lastres ([22]) y para Gilberto Cavero ([23]), el brujo cura por sugestión, la sintomatología psiquiátrica convencional en su visión vernácula. No tienen empacho en sostener, por ejemplo, que el "susto" es una manifestación histérica, ignorando que tanto el susto como la histeria son síndromes culturales, cada uno válido en su cultura, y que no podemos juzgar la patología quechua, producto de la cultura quechua, con el medio de nues­tra forma de vida.

     Claudine Freidberg avanzó más. Ya no se trata, para ella, de curas sugestivas, sino de catarsis bajo narcoanálisis, es decir, una curación abreactiva que lleva bruscamente los con­tenidos inconscientes a la conciencia. También ella, seguramen­te familiarizada con el psicoanálisis, juzga con el patrón de su cultura.

Pero en cambio, ve el comienzo de la manipulación porque niega el diagnóstico por adivinación y atribuye al éxito
al interrogatorio minucioso.

     Pensamos que estos autores hubieran tenido más éxito
si intentaban determinar qué significa el brujo para su cultu­ra, no para la nuestra.

     Esto es lo que concierne al contenido de su función. ¿Y   la forma? ¿Cómo desempeña el brujo su cometido?  

     En la superficie, la diferencia entre “verdaderos" y "falsos" está en el tipo de procedimientos.    

     Estos últimos suelen utilizar la "limpieza con el cuy", que si bien tiene una tradición centenaria, está muy despres­tigiada. La diferencia estaría en que el procedimiento es indirecto y no directo como la adivinación, la captación intuitiva o la percepción alucinatoria. Pero hay otras diferencias más significativas que los procedimientos. El curandero "verdadero", es patriarcal, bondadoso, humilde y sencillo, responsable de sus pacientes, desinteresado. Conciente de la jerarquía de su status y cómodo en él, sólo se molesta seriamente cuando se du­da de su prestigio o cuando se pondera delante suyo a otro curandero. Es raro que deje a un paciente sin tratamiento porque no tenga dinero: le abre crédito y es raro que no le paguen. Esta es una de las cualidades que más se le reconoce al buen curandero, sobre todo en vista de que su clientela más numero­sa proviene de los sectores menos pudientes. Además, sus hono­rarios no suelen ser altos. El curandero "falso" ofrece otra imagen; jactancioso, autoritario, interesado, tenso por el es­fuerzo de lograr una ubicación de prestigio, procura hacerse notar. Sus honorarios pueden ser muy elevados, a veces mayores que los de los catedráticos limeños, y los exige por adelantado. Poco responsable y sin un prestigio sólido que cuidar, no vaci­la en prometer curaciones en casos considerados incurables por sus mismos colegas. Hay más: busca activamente a su clientela, en lugar de esperarla dignamente. Los que han viajado a Salas en transportes públicos, saben que en los paraderos hay buen número de personas ofreciendo los servicios de tal o cual curandero, como se ofrece cualquier mercancía, aún suelen tener agentes en Lima, que le buscan clientes mediante una promoción personal que es verdaderamente precursora de la publicidad actual.

     Pero la diferencia principal es la naturaleza de la relación con su paciente ¿Cuál es la relación curandero “verdadero” - paciente?  Para este hombre, el objeto y fin de la relación es el otro hombre, el paciente. Para el curandero falso, el objeto y fin de su relación es el dinero, la ganancia, y el paciente es sólo un medio para conseguirlo. Y mientras uno trabaja en es­cala regional, el otro trabaja para el mercado. Es decir, para
el "falso curandero", la curación en sí es una mercancía y ellos compiten por colocarla en el mercado.

     Como se notará, hemos definido cualquier actividad comer­cial actual. Y de eso se trata. Los "falsos" han adoptado una forma de trabajo acabadamente capitalista. Este es el curande­rismo que está en auge, mientras que el otro, de forma todavía casi puramente comunal retrocede, refugiándose en lugares remo­tos o retirándose como Mamá Anselma, de Salas, que tapió el san­tuario con el que se protegía de los maleficios de los “competidores" y abandonó la profesión, para vivir pacíficamente refugia­da en su prestigio de decana del curanderismo.

 

CONCLUSIÓN:

 

¿Por qué prospera una actividad mágica en una época en que la ciencia y la razón se extienden y penetran hasta lo cotidiano?

Para responder esta pregunta, procuramos establecer cuál
es el rol del curandero, y qué significa ese rol para la comunidad en la que actúa.

Sin duda ese rol tiende a configurarse; no está dado y acabado. Aún más: como vimos el mismo rol tiende a cambiar.

Esto significa, sobre todo, que no todos los curanderos desempeñan el mismo rol y que no todos los que lo desempeñan se ajustan totalmente a él.

Cabe todavía la consideración que, en sociedades vecinas, pero con rasgos diferenciales, significativos, los curanderos desempeñan diferentes roles. Existen, y son numerosos, los curanderos que actúan exclusivamente como médicos empíricos, limitán­dose a diagnosticar y recetar.   

Esto, obviamente, no invalida el hecho de que en las haciendas de la costa Norte, la manipulación de las relaciones inter­personales sea el recurso cada vez más empleado para resolver la tensión en el trato humano y los transtornos de la repercusión de esta tensión en cada individuo.

Por último, debemos concluir que las condiciones de vida contradictorias en la Costa Norte, que dieron lugar y prosperidad a los curanderos, deben estar extendiéndose al resto del país, o mejor aún, que la gente de Lima y las grandes ciudades, enferma de relaciones inhumanas, descubre el curanderismo centenario como viejo “remedio” a males nuevos, y que éste toma nuevo impulso, nutrido por el pueblo campesino y por la gran urbe, adaptándose: para nuevos problemas, nuevas formas, congruentes con el medio y la época, pero un mismo contenido: la magia ancestral. El indio perseguido, el súbdito sumiso del Inca derrotado, consuma su venganza e impone su pensamiento a través de los siglos.

 

Lima, abril de 1968.

 
BIBLIOGRAFIA

 

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NUEVA CRONICA Y BUEN GOBIERNO. Felipe Guamán Poma de Ayala, Pg. 195.

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Id. Tomo III, Pg 72.

Id. Tomo I, Pg. 189.

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“LA CULTURA DE LA DEPENDENCIA”.

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OBRAS CONSULTADAS

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SIMSON, George. “EL HOMBRE EN SOCIEDAD” Ed. Paidós, Bs. As. 1967.



[1]/ Observaciones complementarias sobre el curanderismo. Dr. Mario Chiappe Costa, 1968, Trabajo inédito.

[2]/ Lastres, Juan B., Historia de la Medicina Peruana, Tomo I.Pg.126

 

[3]/ NUEVA CRÓNICA Y BUEN GOBIERNO, Felipe Guamán Poma de Avala Pg. 195

[4]/ ídem, Tomo I. Pg. 200, Edición e interpretación de Luis Bustíos G. , Lima, 1956.

[5]/ ídem, Tomo III, Pg. 72, Edición 1966

[6]/ ídem, Tomo I, Pg. 189

[7]/ COMENTARIOS REALES DE LOS INCAS, Obras Completas del Inca. Gar­cilaso de la Vega, Volumen II, Biblioteca de Autores Españoles, Edic. Atlas, Madrid, 1963.

[8]/ De ellos se espera recibir protección porque poniendo todo de su parte para ganarse "el pan con el sudor de su frente", quiere la colaboración de estas fuerzas para que lo ayuden a con­trolar lo que no está en su poder: los accidentes, lo fortuito, que amenaza siempre el producto de su esfuerzo. Se dirige siem­pre a lo que está dotado un espíritu superior y poderoso al que hay que propiciar. (Subrayado nuestro) RELIGIÓN Y MAGIA EN TUPE (YAUYOS), Carmen Delgado de Thays, Museo Nacional de la Cultura Peruana, Lima, Mayo do 1955 (Tesis Doctoral), Pgs.28 y 29.

[9]/ Felipe Guamán Poma, ob. cit. Tomo I. pg. 198.

[10]/ Gaudelier, Maurice, "El Modo de Producción Asiático", Ed.Eudecor 1966, Pg. XXVIII.

[11]/ Delgado de Thays, Carmen, ob. cit. Pg. 29

[12]/ Consideramos probado el carácter capitalista, cono lo sos­tienen (10, 11, 12).

[13]/ Dice Kardiner: "El hombre se define también por lo que puede hacer ya que se reconoce en sus obras y una teoría de la na­turaleza humana debe dar también su lugar a los sistemas, de acción mediante los cuales el hombre domina al mundo exterior y busca su acuerdo con el mundo social (Tomado de la Personalidad Básica Nikel Dufrenne. Ed. Paidos. Bs. As. Pag. 73)

 

[14]/ Sprott V.H.j" En "Grupos Humanos" dice. "El propósito de este capitulo es mostrar que las características que hacen del bípedo implume que "naturalmente" somos, un "ser humano", derivan de la interacción social.

[15]/ SURCOS DE PAZ (1963) pg. 99, "Los principales defectos de éstas grandes organizaciones, desde el punto de vista social, consisten: en la gran extensión de tierras, en las condiciones de sueldos y salarios, que no constituyen una compensación justa al trabajo, en la fiscalización que ejercen en la vida de la comunidad rural a ser propietarios de los centros poblados donde viven sus servidores; en las trabas que oponen a la libre sindicalización; y sobre todo, al hecho de que éstos grandes fundos o empresas determinan una extremada dependencia de grandes sectores de la población…”

[16]/ Este concepto debe ser comprendido dentro de la Imagen del Bien Limitado de Foster.

[17]/ Rotondo Humberto, "la envidia..." Revista de Sociología Univ. Mayor de San Marcos, Enero-Julio, 1966, vol. II, # 4.

[18]/ Sprott W.H.J., Grupos Humanos, Pg. 30, "En realidad, el "individualismo" el hecho de defenderse sólo, exigir los derechos propios, buscar la propia ventaja, tener capaci­dad de empresa, odiar que lo manden, etc., es cultivado por una sociedad, pero no es forzoso que otras sociedades lo cultiven." (Subrayado nuestro)

[19]/ Qué tiene hasta hoy despotenciadas y divididas a nuestra sociedad y nuestra cultura?... Propongo la tesis de la dependencia como causa fundamental, descartando la raza, la tra­dición, la lengua o, la religión como factores determinantes. Y entiendo dependencia en el sentido tanto de un lazo de
subordinación cuanto de un sistema social y económico median­te el cual se establece y perenniza tal lazo. "LA CULTURA DE LA DEPENDENCIA, A. Salazar Bondy, Pg. 12, IEP Mesas Redondas No.8, Oct. 1965.

[20]/ José de la Riva Agüero, PAISAJES PERUANOS, Pg. 117, Lima 1965.

[21]/ LA CULTURA DE LA… Pag. 5

[22]/ Lastres Juan 3. HISTORIA DE LA MEDICINA PERUANA, Lima, 1957 Pg. 118 "Esté psicoterapeuta indio, intuitivo y fantástico, poseía en grado sumo el entusiasmo y la fe en la eficacia de sus medios curativos, en especial de su labor social como psi­coterapeuta"

[23]/ Gilberto Cavero B, SUPERSTICIONES Y MEDICINA QUECHUAS, Lima 1965, Pgs. 29 y 30.

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