UNA TEORIA ESTRUCTURALISTA
PARA LA SEXOLOGIA
LUIS DRAGUNSKY
AGRADECIMIENTOS
El Dr. Helí Alzate ha sido un vigoroso interlocutor
y agudo crítico de los manuscritos preliminares de este trabajo. Por su amistad
y fértil colaboración, mi especial gratitud.
RESUMEN
Se presenta una teoría de la
sexualidad a partir de la psicología evolutiva de Jean Piaget.
Se considera que la sexualidad tiene
tres elementos constitutivos no reductibles
entre sí: energía o deseo que
recorre tres momentos evolutivos (la curiosidad infantil, el deseo ego céntrico
y el deseo sociocéntrico descentrado); estructural, que es el factor
organizativo de la conducta, con tres estadios (fisiológicos cognoscitivo y social), y semiótico, elemento
relacionado con la representación y comunicación del erotismo, con tres niveles
de complejidad (índice o señal, símbolo y signo).
Esta teoría concibe las disfunciones
y parafilias camo producto de dificultades o detenciones del desarrollo, tanto
en la coordinación física, camo en la psicológica, y a la terapia sexual caro
el camino para la reanudación de dicho desarrollo.
Kepler, Newtcn, Daxwin y Einstein,
entre otros, de los que menosprecian la importancia de las teorías.
Una teoría general no necesita ser
absolutamente correcta aunque es una virtud deseable. Para ser útil a condición
de que tenga coherencia interna. Su provecho puede provenir de que alguien, por
oposición a ella, proponga otra más cierta. Uno de los méritos de la teoría, y
no el menos importante, es que estimula la reflexión y la crítica.
El propósito de esta introducción es
disculparnos por la infinita audacia que significa atreverse a proponer una teoría amplia, que
intenta reunir y unificar por lo menos una parte de los grandes hechos
conocidos en un todo coherente que, por encima de todo, tenga valor heurístico,
y, si es posible, explicativo y predictivo, Además para evitar ahogarnos en los
detalles, los hemos reemplazado por
algunos ejemplos.
En
este trabajo tomamos partido por una escuela. Puede ser un pecado, pero
siempre menor que el de ser eclécticos. Los eclécticos hacen recordar a los
seudohermafroditas: ni hembras, ni machos, ni siquiera fértiles. “Toman lo
mejor de cada cosa” es desechar la coherencia y la necesidad de unidad que es
el primer requisito del pensamiento, por lo que el ecléctico resulta un
seudológico. Claro esta que tomar partido por una escuela es correr el riesgo
de equivocarse camo en toda elección, pero no hay más remedio que asumir la
responsabilidad.
Pero, ¡atención! tomar partido no es
casarse con un dogma y despreciar los errores y falencias. Por el contrario,
desde su aparición, la sexología esta en deuda consigo misma, por cuanto no ha
definido su objeto, uno de los requisitos para ser una ciencia. Tampoco para
comprenderse a sí misma ha logrado concebir una teoría global de la sexualidad
aunque sea aproximada e imprecisa, que de sentido a cada uno de los hechos y
datos particulares, cuya cantidad ya es abrumadora y, por lo mismo, cada vez
más caótica. Por idéntica razón, no hay una orientación totalizadora para la
investigación. No se han delimitado grandes líneas de trabajo que señalen
prioridades y necesidades de conocimiento a corto y largo plazo. El estudioso
desprevenido tiene la impresión, cuando revisa la bibliografía sexológica, de
que para construir esta “ciudad” basta con acumular materiales aquí y allá,
como si los planos y los planes representaran sólo una pérdida de tiempo y de
esfuerzos.
Otro resultado de esta situación, es
que generalmente se omite toda consideración epistemológica, que no necesita
ser explícita sería suficiente con que el investigador se acordara de ella. El
“método” particular de cada trabajo impera hasta por encima de la lógica.
Proponer una teoría general se
vuelve necesariamente especulativo, y lo admitimos Si estuviera demostrada, no
sería una teoría, sino una ley o un sistema de leyes.
El positivismo, que actualmente
domina las ciencias de la conducta a pesar de ser la única filosofía que niega
la posibilidad teórica de que exista la
psicología ha ridiculizado e inspirado desprecio hacia la teorización y hacia
la formulación de hipótesis. Ha logrado hacernos olvidar lo que hubieran dicho
embanderarse, requiere por encima de todo, aguzar el sentido auto- crítico, y
en segundo lugar, hacerlo claramente explícito. Nosotros partimos de la escuela
de Jean Piaget, que nunca se ocupó de la sexología, pero sí de la psicología
durante sesenta años. Lo consideramos perfectamente lícito porque la sexualidad
es primero, conducta sexual, y ésta es, primero conducta. De modo que la
psicología es uno de los pilares de la sexología.
Nuestro punto de partida será una
frase Piagét que utilizaremos como si fuera un postulado, porque su
demostración requeriría, por sí sola, un trabajo mucho mayor que éste, y de eso
se ha ocupado el mismo Piaget. Dijo: “Ahora bien, los hechos mentales pueden
ser clasificados de acuerdo con tres aspectos distintos, aunque indisociables,
de toda conducta: la estructura de la conducta, que constituye su aspecto
cognitivo (operaciones o preoperaciones), su energética o economía, que
constituye su aspecto afectivo (valores) y los sistemas de índices o de
símbolos que actúan como significantes de estas estructuras operatorias o de
estos valores.
Simplemente expondremos cuales
creemos que son, en la conducta sexual humana, la energética, la estructura y
la semiótica.
LA ENERGETICA: EL DESEO O APETITO
SEXUAL
El deseo induce el desempeño de la
actividad sexual, proporcionando la energía de la conducta. Es distinto de la
conducta en sí, que es su producto, a pesar de que por ello lo conocemos y
evaluamos. Es exclusivamente subjetivo y, por lo que sabemos hasta ahora,
carece de manifestación corporal; es un estado emocional, no un estado
fisiológico. Mas precisamente, es la ruptura de un equilibrio emocional, que a
través del desempeño de una función tiende a la restitución del equilibrio
anterior.
En el adulto se pueden diferenciar
por dos tipos de deseo. El primero se caracteriza por no requerir estímulo
externo alguno, excepto tal vez los propioceptivos si los consideramos
externos. Es autónomo o endógeno, como el que produce la abstinencia. Parece
estar influenciado o depender de las hormonas masculinas por lo menos
parcialmente: sabemos que los eunucos prepuberales adultos, aunque están
sometidos a estímulos externos, no conocen el deseo.
El segundo tipo de deseo, de
aparición posterior, depende de los estímulos externos y puede llegar a ser
específico hacia ese estímulo. Por ejemplo, un hombre puede encontrar deseable
a una mujer en particular sin que la actividad sexual con otra satisfaga ese
deseo por la primera. No parece que este tipo de apetito sexual esté
relacionado con las hormonas. Creemos que éste es el deseo que se conserva en
los ancianos.
Dicho de otra manera, el deseo tiene
dos aspectos. Uno, cuantitativo, que se refiere a la intensidad, relacionado
con las hormonas masculinas, y otro cualitativo, relacionado con su objeto. La
elección del objeto del deseo puede depender de la influencia de las hormonas
prenatales sobre el cerebro, pero también de las vitales.
¿Se trata de un instinto? La
pregunta es difícil de responder. Para hacer posible la discusión, siguiendo a
los etólogos, definimos al instinto como una conducta programada genéticamente.
Aunque se nace con ella, no es imprescindible que se manifieste desde el primer
día de vida. No excluye por completo cierto aprendizaje, por lo menos el
perfeccionamiento y consolidación a través de la repetición. Además es una
conducta transíndivual, que siempre requiere un complemento por ejemplo otro
individuo
Instinto y aprendizaje se
contraponen parcialmente, no totalmente: tienen en común las mismas leyes de
organización interna el hecho de que ninguno de los dos puede partir de cero,
sino de otra estructura anterior, ya sea un gen o una conducta, y por último
tienen en común que la “finalidad de ambas es adaptativa”.
La cuestión de si el deseo es
instinto o aprendizaje es maniquea. Trataremos de mostrar que son
complementarios.
Desde el punto de vista general, el
deseo sexual humano es homólogo a lo que Tinbergen (1942), en los animales,
llamó Primer Nivel del Instinto, y antes
que él Craig (1918) denominó Comportamiento
Apetitivo. Grassé, siempre refiriéndose al comportamiento animal,
diferenció en él dos caracteres (citado por Piaget):
1. Hay primero una actividad de
búsqueda que se manifiesta en movimiento sin necesidad de estímulo externo
previo.
2. Correlativamente, el organismo es
sensibilizado para situaciones estimulantes a las que hasta entonces se había
mostrado indiferente. En adelante será inducido a actividades especializadas
por estímulos significativos.
Este es el punto de partida del
deseo humano pero a diferencia de los animales inferiores, el hombre lo
modifica y reconstruye con los elementos obtenidos en las experiencias a que lo
induce esta primera motivación, hasta dotarlo de toda la complejidad de la
mente humana.
En
el primer momento de su desarrollo, el deseo infantil, en ausencia casi
total de hormonas, se manifiesta como curiosidad sexual. Curiosidad es, según,
los diccionarios, deseo de saber o averiguar, y esto es cierto para el niño,
pero no todo, porque no solo quiere saber, sino que también hace. La
motivación sexual infantil es un deseo
de saber y hacer, difusa e inespecífica, que en esa etapa no solo sirve al
desempeño y autoconstrucción de la
conducta sexual, sino que, como señaló Kohlberg, sirve a la organización del
mundo personal y social. El niño descubre que existen solo dos géneros,
masculino y femenino, y no cuatro, niños, niñas, papás y mamás, conmutables
entre sí, como creía hasta los tres años. Se clasifica a sí mismo,
inscribiéndose en uno de ellos, descubre los roles específicos, etc. Para
lograr esto debe explorar su propio cuerpo, el de otros niños y niñas, el de
los adultos, e imitarlos, todo ello jugando. El segundo momento comienza con la
pubertad, a veces un poco antes. El deseo, bajo la influencia de las hormonas
masculinas, se hace mucho más intenso, y también más específico, pero
egocéntrico, puesto que no es producido por otro individuo, sino que es un
estado interior relativamente
independiente del medio. No esta producido ni concentrado en un
individuo, sino abierto a cualquier fuente o situación capaz de satisfacerlo.
Carece de un objeto necesario, ya que se reduce a interesarse en el objeto
posible. En nuestra cultura tiene dos vertientes, simultaneas o sucesivas, la
romántica y la promiscua, asignadas a
mujeres y hombres, pero con gran frecuencia coexistiendo en el mismo individuo
en una explosiva contradicción conocida como
“doble moral”. La promiscuidad es la fuente de la experiencia, que
permite, por comparación, preferir unos objetos a otros. El romanticismo tiene
en común con la etapa siguiente que en ambos tiende a preferirse un individuo
único, y el interés del sujeto, complacerlo, señalando el comienzo de la
reciprocidad y cooperación. El deseo ego-céntrico adolescente, lo mismo que las
funciones biológicas, esta regulado exclusivamente por el ritmo. Funciona por repeticiones periódicas, como el hambre,
la sed o los hábitos (recuérdese el ‘habito’ de la masturbación adolescente). Requiere
siempre de alternancia de dos movimientos antagónicos, en este caso deseo
satisfacción. Una conducta regulada solo por ritmos es de limitada utilidad
adaptativa; la experiencia y las limitaciones de una equilibración precaria conducen, por procesos que se
encuentran explicados en otra parte, a “la integración de los ritmos en
sistemas mas vastos” (2) que tienden a la liberación de la periodicidad y a la
esclavitud de la necesidad. Se hace posible entonces la postergación, y la
conducta se empieza a acomodar a su objeto deseable. El deseo, cuando es
desencadenado por otro sujeto, puede descentrarse, es decir, tomar al sujeto
como centro, ya no a uno mismo; se hace sociocéntrico, y permite la acomodación
del individuo al objeto que asimiló, ampliando su capacidad adaptativa.
La manifestación más notoria de la
descentración del deseo es que es desencadenado por el deseo de otro sujeto, a
condición de que éste haya sido aceptado o deseado previamente. Este deseo se
alimenta de reciprocidad y cooperación. Por otra parte, y no lo menos
importante, se hace permeable a los valores morales del sujeto, deseando solo
aquello que el mismo considera permitido, en armonía consigo mismo. Este deseo
es la fuente de la moral sexual.
La del deseo descentrado constituye
la tercera y última etapa del deseo, que caracteriza la conducta adulta y
funcional. De modo que no existe un solo tipo de deseo, estático y universal,
sino un apetito sexual que es el mismo en tanto que bajo cualquiera de sus
formas desencadena la conducta sexual, pero que evoluciona hacia una
complejidad y eficacia adaptativa cada vez mayores, de egocéntrico a
descentrado, y que desencadena conductas distintas según la etapa de desarrollo
que atraviesa el individuo. Así, el niño examina “por curiosidad” los genitales
de sus compañeritos; el adolescente se masturba “por hábito” y el adulto
coopera con una pareja,
Decir que el deseo, del que dijimos
que inicialmente es un instinto, se ha
hecho más organizado, mas complejo, mas elástico y adaptatívo, es lo mismo que
decir que se hizo inteligente, pero no en contraposición al instinto que ha
sido su materia prima precursora, no su sustituto. De ninguna manera sería
correcto afirmar que el deseo sexual adulto es instintivo. Es un afecto un
sentimiento, y por lo tanto isomorfo a la inteligencia, con un nivel de
organización de igual grado de complejidad
Aún queda un aspecto muy importante.
Piaget, siguiendo a Janet y Claparede,
que decían que “todo interés posee una determinada intensidad y contenido”,
distingue en el afecto, desde su mismo comienzo, dos funciones o sistemas: la
regulación de la conducta, referida a la forma, y el valor referido al
contenido, que determina la distribución de fines y medios, la elección de un
fin como apetecible, la subordinación de medios para lograrlo, y la
construcción de jerarquías de valores.
En
otros términos, el desarrollo de la afectividad da lugar y culmina en la
creación de una ética. El afecto erótico, el deseo o apetito sexual no es una
excepción. El deseo sexual adulto se autorregula a través de la ética sexual
que es su producto.
Por otra parte, tenemos que agregar
nosotros, es apenas evidente que la regulación es el aspecto cuantitativo,
cuyas alteraciones dan lugar a los problemas conocidos como Inhibición del
Deseo Sexual. Si alguna vez se descubre problemas por exceso de deseo, deberán
ser clasificados en este lugar. Los trastornos del valor se refieren a
elecciones del objeto sexual diferentes de la que hace la mayoría, como en las
parafilias. La alternativa homo - heterosexual también corresponde a esta.
EL FACTOR ESTRCTURAL
El segundo aspecto es el
estructural, que es el más abstracto Se trata de un “factor” o tendencia a la
organización del mismo tipo que la que se observa, por ejemplo en la evolución
filogenética: de las muchas diferencias que hay entre una bacteria y un hombre,
la esencial es el mayor nivel de complejidad de la organización humana. La
bacteria cumple menos funciones biológicas, todas ellas utilizando la totalidad
de su organismo indiferenciado. El hombre cumple más y mejores funciones, gracias a que se ha diferenciado.
“Los elementos estructurales son esencialmente ciertas relaciones de orden
(orden de los movimientos en un reflejo, en los de una costumbre, en las
conexiones entre medios y las finalidades perseguidas), los ajustes
(subordinación de un esquema simple, como agarrar, a otro mas complejo como
sacar) y las correspondencias (en las asimilaciones de reconocimiento) (3)
Así como decíamos que el afecto o
deseo nace del instinto, también el aspecto motor tiene un origen instintivo.
Son ciertamente instintivos los primero reflejos sexuales, con los que se nace,
como los reflejos de erección, lubricación, vasodilatación y miotonía
generalizada, y posiblemente embestida
pelviana y orgasmo que han sido
observados en lactantes y a en recién nacidos, y mas tarde la eyaculación.
Corresponden al cuarto nivel de Tinbergen, los movimientos elementales y
algunos, como la eyaculación, corresponden al tercer nivel de los actos
consumatorios (4)
En el comienzo las manipulaciones
infantiles de los genitales, exploratorias, que incorporan los genitales al
esquema Corporal, como antes se hizo con otras partes del cuerpo, ejercitan los
reflejos y construyen los primeros esquema que son “unidades de comportamiento
susceptibles de repetición mas o menos estables y de aplicación a situación y
objetivos diversos” o también “la
estructura general de una acción que se conserva durante sus repeticiones, y se
consolida por el ejercicio o se aplica a situaciones que varían en función de
las manifestaciones del medio.”Por ejemplo, el bebé descubre, por asimilación
generalizadora, que su glande puede ser estimulado si se lo comprime, pellizca,
estira o frota, lo mismo que si luego entra en contacto con las frazadas,
juguetes, muebles, otras personas, etc., y que los resultados de cualquiera de
estos estímulos son los mismos: placer y erección.
Simultáneamente se impone un orden,
inherente al enlace entre estos esquemas por asimilación recíproca, por ejemplo
coordinación entre esquemas sucesivos. De este modo, el ciclo de respuesta
sexual, la fisiología elemental, tiene necesariamente una organización
secuencial. No puede haber fase de meseta sin fase de excitación previa, porque
la fase de excitación, según las leyes de la epigénesis de Waddington, es la
“materia prima” de la fase de meseta, que es su resultado, no una sucesora
imprevisible. El orden es la condición de la existencia de la estructura
constituida por la fisiología sexual. No es producto del azar que Masters y
Johnson se refieran a “un natural desarrollo secuencial”. (6)
Ciertamente el orden es aun anterior, en el
plano del mismo reflejo primario. Es verosímil admitir que el progreso de la
miotonía tampoco es anárquico y que la excitación no progresa si no se
incorporan ciertos grupos musculares antes que otros, que la contracción
isométrica de algunos grupos es imprescindible y la de otros no, etc., como en
el caso de las mujeres que no pueden continuar excitándose si no contraen los
glúteos
Se trata de una coordinación
sensorio-motriz en la que algunos estímulos táctiles, los que interesan
primordialmente a la sensibilidad protopática, sin intervención importante de
la sensibilidad epicrítica, producen una respuesta de vasodilatación pélvica y
miotonía. Como todo reflejo innato, a través del ejercicio se debe estabilizar
primero y generalizar después, del mismo modo que el neonato succiona primero
en vacío, luego el pezón, más tarde su dedo y por fin cualquier objeto.
Como producto de esta estructuración
progresiva, se establecen correspondencias: por ejemplo la fricción equivale a
la compresión o, luego, el contacto
consigo mismo equivale al contacto con otro. El nuevo conocimiento tiene que
ser a su vez ordenado o jerarquizado: este contacto es preferible a aquel otro,
etc.
A manera de ejemplo supongamos que
los elementos de la estructura correspondiente al comienzo del desarrollo, en
el lactante, podrían ser los siguientes:
a) Se asimilan y organizan las
percepciones táctiles protopáticas elementales en las áreas erógenas primarias
(glande del pene y clítoris).
b) Se desarrolla el reflejo y se
consolida y extiende la respuesta de vasodilatación y miotonía, aún sin
culminación.
c) No hay una energética específica.
Al comienzo del estadio no hay una verdadera motivación, sino que la conducta
es casual, fortuita; no hay intencionalidad.
d) No hay regulación. La conducta no
cesa por una razón específica, ni hay función que completar
e) No existe el objeto sexual La
fuente de placer es el mismo sujeto o contactos fortuitos con el medio.
El resultado final del proceso de
estructuración fisiológica, es la consolidación de la praxia sexual definiendo
una praxia como un “sistema de movimientos coordinados en función de resultado
o una intención.” No es difícil admitir la existencia de praxias de distinta
jerarquía: la praxia coital, que incluye cooperación y reciprocidad, es mucho
mas compleja que la praxia
masturbatoria, por ejemplo.
Aunque usando otros términos, muchos
autores reconocen el concepto de praxia, como Helen Kaplan, que, a propósito
del reflejo eyaculatorio y su inhibición por autobservación afirma: “lo
mismo sucede con funciones compuestas por series de reflejos coordinados tales
como bailar o tragar. (El subrayado es nuestro).
Reconocer la praxia no es una
cuestión nominal, de rebautizar algo conocido; por el contrarío, tiene
profundas implicaciones, tanto teorías
como prácticas. Abre un nuevo horizonte a la comprensión de la
fisiopatología de las disfunciones. El primer ejemplo que se impone a la mente
es el vaginismo. Ningún neurólogo podrá
ignorar que el vaginismo es virtualmente idéntico al espasmo del
escribiente, que no es mas que una dispraxia hipertónica de la escritura. La
eyaculación precoz, por otra parte, resulta a la luz de estos hechos,
simétrica de la eyaculación retardada,
la primera una dispraxia, la segunda una apraxia, ambas expresión de la falta
de equilibración de la eyaculación, que es a su vez una subestructura de la
praxia del coito. Permítansenos unas citas: “... conoce perfectamente lo que ha
de hacer, no tiene insuficiencia motora alguna en cuanto al gesto que ha de
realizar, pero le es imposible realizarlo. Los trastornos práxicos pertenecen a
una zona intermedia en que han de combinarse todos los gestos y actitudes que
requiere el acto que se desea realizar.” La cita no es de un sexólogo
describiendo a una mujer anorgásmica primaria, sino de Henry Wallon y G.
Denjean, hablando, en 1958, de las apraxias en el niño. Para ellos, “dicho
estado de indiferenciación autoheterocorporal, tal vez no sea sino la
persistencia de una inicial indeterminación en que el niño no sabe distinguir
sus relaciones motoras y las ajenas que van unidas a las suyas, o en las que el
punto de apoyo de sus gestos todavía forma parte de sus gestos. Nótese hasta
que punto esta descripción es idéntica a la que hace Harllow mas adelante de
los intentos de acoplamiento de sus monos criados en aislamiento.
Así, adquiere otro significado la
ansiedad como factor etiológico. Es sabido que la ansiedad generalmente
interfiere con las praxías, como las de caminar, escribir, etc., a través de la
autobservación. Pero la ansiedad pierde el significado de causa universal de
disfunciones porque es fácil reconocer la existencia de apraxias o dispraxias
debido a que las praxias correspondientes aun
no fueron construidas, por inexperiencia, o porque se interfirió en su
desarrollo. Es decir, algunas disfunciones serían “la persistencia de una
inicial indeterminación.”
También es fácil reconocer que el
placer sexual se aprende, puesto que depende de una coordinación
sensorio—motriz. La mujer aprende a tener orgasmo a disfrutar de la penetración, etc. Todo
sexólogo sabe que la mujer que apenas se inicia en el coito no disfruta
plenamente la penetración vaginal, como descubrió Freud. Debe primero asimilar
este estimulo nuevo a la praxia anterior, y algunas no pueden lograrlo nunca.
El hombre, aunque su orgasmo es un reflejo mas difícil de interferir, también
aprende a disfrutarlo, porque si no controla la eyaculación obtiene tiene menos
goce.
Para terminar, mencionaremos los
tipos de apraxias que propuso Piaget:
“ Las apraxias sensorio-cinéticas”
caracterizadas por una alteración de la síntesis sensorio—motriz con
desautamatización del gesto, pero sin
perturbaciones en la representación del acto.
“Las apractognosias
somato-espaciales”, caracterizadas por una desorganización espacial de las
relaciones entre el cuerpo y los objetos exteriores, sin perturbaciones
propiamente sensorío—motrices. Se tratará, pues, de perturbaciones de la
somatognosia que conllevan desadaptaciones del gesto, incluidas las
perturbaciones de las relaciones izquierda—derecha, ciertas apraxias de la
acción de vestirse, etc. A ellas se añade a menudo alteraciones
perceptivo-motrices visuales, pero sin
que ello signifique necesariamente perturbaciones perceptivas primarías.
“Las apraxias de formulación simbólica” con desorganización de la
actividad simbólica y categoría. (que se extiende desde la agnosia de
utilización hasta las frecuentes perturbaciones de la formulación verbal).
El nivel de la praxia es la
intersección del plano de fisiología con la conducta social, es decir, el plano
de la conducta global del individuo.
Debe mencionarse otra cuestión de
importancia escencial. Durante décadas, tal vez por influencia de los estudios
de Broca y Wernicke, se supuso que las apraxias tenían una causa orgánica
cerebral. La neuropsicología, las
investigaciones sobre la Disfunción Cerebral Mínima, tienden a corroborar ese
punto de vista. ¿Estamos afirmando que las disfunciones sexuales tienen una
etiología orgánica cerebral? Por supuesto que no. Cuando hablamos de
“desautomatización del gesto” o “desorganización espacial de las relaciones
entre el cuerpo y los objetos exteriores” estamos hablando de conductas que
deben aprenderse a través del entrenamiento práctico real, tal como se aprende
a manejar vehículos o hablar una lengua extranjera. La causa de estas apraxias
es la ignorancia, y su tratamiento, pedagógico mas que médico.
El factor estructural no se limita a
organizar la fisiología sexual. También organiza los aspectos psicológicos y el
comportamiento social. La estructuración psicológica, en nuestra opinión, no es
distinta de la génesis cognoscitiva que expuso Piaget en toda su obra, y que no
es del caso repetir aquí, por todos conocida. La organización de la conducta
sociosexual se refiere al aprendizaje y entrenamiento en el cortejo que es su
comienzo y a conservación de la pareja sexual -la pareja— que es su culminación,
y a la que no podemos desarrollar aquí por su extensión.
De modo que, en síntesis, la
Estructuración se refiere a tres subaspectos: el fisiológico, el cognoscitivo y
el social
LA
SEMIOTICA
Así como el deseo y la
estructuración parten de elementos instintivos la semiótica se basa, por un lado, en el esquema
sensorio-motriz que sólo es una construcción y coordinación de esquema y, por otro lado, la semiótica
satisface los requisitos cognoscitivos,
que incluyen la interiorización, es decir, la capacidad de representación o
pensamiento. Aclaramos que, este
vocabulario, no es lo mismo pensamiento que inteligencia. En palabras de
Piaget, “el pensamiento es la inteligencia interiorizada que no se apoya sobre
la acción directa sino sobre un simbolismo, sobre la evocación simbólica por el
lenguaje por las imagenes mentales, etc., que se permiten representar lo que la
inteligencia sensorio-motriz, por el contrario, va a captar directamente.”
Se necesita, entonces, un sistema de
“envases” portadores de los mensajes, de significantes portadores de
significados, pero específicos de la sexualidad: uno o mas “lenguajes”
sexuales.
La semiótica, entonces, se refiere a
la construcción de un sistema de significantes que representen la conducta en
el plano abstracto, un código del que puedan ocuparse la inteligencia y los
sentimientos, de modo que no sea necesario actuar cada conducta. La mayor parte
de ellas se transforma en virtuales, no realizadas efectivamente porque el
cerebro trabaja con sus representaciones.
La función semiótica comienza con la
diferenciación de significante y significado, a partir del índice, en el que no
están diferenciados. El índice (o la señal como, por ejemplo, la de
condicionamiento) no es un vehículo independiente de su contenido; es sólo una
parte de él que anuncia la totalidad., o guarda una relación de causa a efecto,
del mismo modo que un cuello de jirafa anuncia o “significa” una jirafa, o una
huella de oso, para el cazador, significa un oso. La semiología médica es un
catalogo de índices: la fiebre significa infección, etc. No es necesario en
este punto casi ninguna actividad “intelectual”, excepto una relación de todo a
parte, que puede ser y lo es en el
comienzo simplemente motriz.
La independización del significante
no es posible sin imagen mental a lo que s llega partiendo del Juego Simbólico
(representación mímica de objetos y acciones) y de la Imitación Diferida
(representación mímica, conductual, de objetos ausentes en ese momento). A
partir de ella, la imitación interiorizada, o virtual, la que se prepara pero
no se ejecuta, genera la imagen que es definida por Battro como “una imitación
simbólica de la actividad sobre los objetos.” Esta imagen es el primer
significante simbólico diferenciado conscientemente del significado. Por
ejemplo para un sujeto, el mismo significado puede tener distintos símbolos
significantes. A pesar de la relativa independencia entre significante y
significado, en el símbolo ésta no es completa
puesto que los une una relación de semejanza. Los símbolos no deben ser
forzosamente imágenes subjetivas, sino que pueden ser y lo son con frecuencia
objetivos, de la misma manera en que dos maderas cruzadas simbolizan para un
niño un avión. Pero esta objetivación es secundaria a la imagen, ya que antes
de elegir ese objeto camo significante, tuvo que imaginarlo, ya sea que lo descubra o invente. De manera que los
símbolos pueden ser imágenes objetos, situaciones, o aún sensaciones, por
ejemplo para algunas personas adultas, la situación de sumisión imaginada o
real significa un alto grado de excitación sexual. El mejor ejemplo de lenguaje
simbólico son los sueños, tan egocéntricos
e ineptos para la comunicación que a veces ni el sujeto desentraña su
significado. Y en el ámbito de la sexualidad, son símbolos las fantasías y la
evocación de situaciones eróticas.
Aunque individual, un símbolo puede
socializarse: sin perder su relación de semejanza, se hace colectivo, y
entonces será mitad símbolo, mitad signo. El signo puro, en cambio, es siempre
exclusivamente colectivo y arbitrario, necesariamente producto de una
convención. El signo es la descentración total del significante, y su mejor
ejemplo es el lenguaje verbal.
Entre el fonema “silla” y la silla
real no hay ninguna relación. El fonema
no es una parte del objeto, ni causa o consecuencia, ni guarda
semejanza. La palabra representa al objeto simplemente porque un grupo humano
convino que así fuera, históricamente hablando.
Esta larga disquisición era
imprescindible para hacer la siguiente afirmación: los estímulos sexuales
constituyen un sistema de significantes de los tres niveles: índices, símbolos
y signos. Son índices, por ejemplo, las caricias, porque son una parte y una
causa de la totalidad coital, y la pornografía, porque es una parte abstraída
del todo: sólo visión, o visión y audición, o descripción, pero sin interacción
real y total del sujeto.
Son símbolos las fantasías y los
sueños eróticos. Hasta tal punto son un “lenguaje”, que sirven para formularse
“hipótesis sexuales”, es decir para proyectar conductas futuras. La galantería,
la coquetería, y todo el ritual cortejo - conquista, son signos muy
estructurados y complejos constituidos por infinidad de signos mas
elementales pero igualmente
convencionales.
Esta proposición no es totalmente
original. En 1970 Masters y Johnson se aproximan así a la definición del
Sistema de Valores Sexuales: “Un S .V.
S. se deriva de experiencias sensoriales individuales investidas de un
significado erótico que ocurren en ciertas circunstancias, y de la
influencia de valores sociales que los hacen convertibles y estalles camo
estímulo sexual ¿están acaso hablando de símbolos y signos?.
Poco mas, refiriéndose al tacto,
afirman: “Ciertamente, los significados especiales que se dan a estas
sensaciones varían directamente con el número de individuos a quienes les
ocurren, y, quizá, con la frecuencia con que les sucede.”
¿No es ésta acaso la descripción de
un símbolo? Luego, en el octavo objetivo de la mesa redonda, postulan que “
pautas sexuales, hábitos y valores deseables para ambos cónyuges, por lo
general deben ser desarrollados e identificados por el mutuo esfuerzo.”
¿ No es esto describir la
transformación activa de los símbolos en símbolos-signos? Por último, hoy en
día tanto profesionales como profanos hablan, a veces excesivamente, de la
“comunicación sexual”. Y bien, ¿qué es la comunicación sino un sistema de significantes?
Lo único que le falta al S .V. S •,
es decir explícitamente que es un Sistema de Significantes Sexuales y, por
supuesto, explicar como se formó (su génesis). No cabe en un trabajo como éste
decir todo lo que se debería acerca de los estímulos o significantes sexuales,
pero es imposible omitir una cuestión: no operan según el esquema E-R .El
significante, cualquiera que sea, solo tiene efecto estimulante si es admitido,
si es asimilado a una estructura preexistente, y es precisamente la estructura
asimilante la que le confiere su significado. La significación en sí misma no
es mas que la correspondencia de un elemento (el significante) en una
estructura preexistente. Por ejemplo el significante “penetración” (caro en una
fantasía erótica) sólo puede tener capacidad excitante en una mujer que tenga
experiencia coital satisfactoria. El deseo concebido a “esquema de
asimilación”, significa que el organismo (el sujeto) se vuelve capaz de
atribuir significado sexual a un estímulo, y apenas entonces admitirlo.
La organización interna del sistema
de signos, (que presupone los sistemas previos de índices y símbolos), es
homologa a la del nivel
hipotetico-deductivo de la inteligencia, de la misma manera que la gramática,
organización interna del lenguaje verbal o escrito, es homologa a la lógica, y
la lógica es homóloga (isomorfa) a las leyes de organización interna del
pensamiento.
Dicho de otro modo, la conducta
sexual, lejos de ser un “bajo instinto”, es una conducta inteligente, en
sentido literal,’ precisamente por incluir en sí niveles m elementales, a los
que organizó para construirse a partir de la experiencia y de los reflejos
innatos.
ALGUNOS ARGUMENTOS
Hasta este punto nuestra hipótesis
ha sido presentada poniendo el énfasis en la coherencia interna del sistema,
reflejando el hecho de que durante diez años hemos tratado de comprender y explicarnos el
desarrollo y la actividad sexuales, por un lado, y el trabajo de Piaget por el
otro. La preocupación, durante ese tiempo ha sido si era posible formular una
hipótesis totalizadora.
Como se nota fácilmente, las pruebas
empíricas fueron relegadas a un lugar secundario, tanto por la naturaleza
teórica de esta presentación, como por las especiales dificultades existentes
en América Latina para observar la conducta sexual espontánea infantil.
Sin embargo, son muy numerosas y
calificadas las opiniones y hecho en los que nos apoyamos. Presentáremos algunos ejemplos:
El primero en demostrar la
aplicabilidad de la psicología genética a la sexualidad humana fue Lawrence
Kohlberg, que estudió el rol sexual. Ponaid y Juliette Goidman estudiaron el
pensamiento sexual. No conoce ningún intento de aplicar la psicología genética
a la función sexual en su totalidad, sin excluir la fisiología : Estaba
pendiente el análisis de la función sexual.
El concepto de regulación de la
función sexual, y la existencia de mas de un nivel de regulación fueron
sintetizados en pocas y densas frases por E .W. Caspari de la siguiente manera:
“ Además de la posibilidad de control hormonal, en algunos de los vertebrados
superiores puede haber un control de algunos aspectos del comportamiento sexual
por medio del aprendizaje.” “Sobre el segundo (el control hormonal) existe un
tercer nivel de control que incluye el aprendizaje y que ,parece ser sumamente
importante en el hombre.” “En el hombre , un mecanismo de control que implica
aprendizaje temprano se ha superpuesto a su vez a los otros dos mecanismos
El proceso de asimilación recíproca
de estructuras de comportamiento sexual fue planteado casi textualmente por N. Tinbergen en la discusión posterior a
la lectura de su trabajo “Evolución del comportamiento Sexual”. Dijo: “El que
el comportamiento sexual se organice o no como una unidad, considero que no
tiene importancia en el estado actual de nuestro análisis en el cual estoy
intentando demostrar que lo que se denomina comúnmente con un nombre (“cortejo”) es el resultado de
la acción recíproca de tres patrones de comportamiento. No sólo Masters y
Johnson desarrollaron implícitamente la noción de semiótica y su utilidad
clínica. Antes que ellos, Harrpson virtualmente la definió con precisión: “Un
componente indispensable del rol
genérico normal a cualquier edad es una serie de operaciones psicológicas para
la cual es difícil hallar un nombre, y que incluye cosas como ensoñaciones,
fantasías, imaginaciones eróticas y juegos de ficción y de imitación.” con la
misma precisión y agudeza, señala en las conclusiones, que parte importante del
desarrollo del rol genérico coincide con el del lenguaje, de los 18 meses a los
2 años de edad. Precisamente cuando se instala la función simbólica. Pero el
aporte principal fáctico es el de Flarry F. Harlow en “Comportamiento Sexual de
los Monos”, precisamente porque documentó el desarrollo sexual. Veamos:
1) Formula la existencia de
estadios.
“Nuestros trabajos indican que se
presentan tres estadios primarios en el desarrollo de los sistemas afectivos
heterosexuales (...) El primer estadio de la sexualidad infantil, según se observó en los grupos estudiados en
el cuarto de juego, abarca un período de 5-6 meses. Se caracteriza por
reacciones sexuales breves e incompletas, como frotar o mover el vientre hacia
otro animalito (...) En un ambiente feral o “natural” el segundo estadio se
desarrolla gradualmente en machos y hembras y esto probablemente ocurriría
también en un ambiente de laboratorio socialmente adecuado. Este estadio
conduce a la postura normal y a la respuesta normal en machos y hembras y
nosotros llamaremos a éste el estadio de la heterosexualidad diferencial.
Lo sigue el tercer estadio de la
heterosexualidad adulta, en el cual machos y hembras adquieren sus capacidades
reproductivas.
2) Formula explícitamente las
nociones de construcción y estructuración, a partir de estructuras inferiores y
en oposición a la predeterminación genética o instintiva.
“Creemos que las diferencias básicas
entre machos y hembras en patrones de comportamiento tales como la amenaza, la
pasividad, el retiro, la rigidez y el juego, tienen una función muy útil en el
desarrollo gradual de las posturas masculina y femenina que son esenciales para
la heterosexualidad normal, adolescente y adulta. En los pequeños no hay nada
parecido a la postura sexual normal, ni en machos ni en hembras. El macho puede
cogerle la parte posterior a otro macho o a una hembra y comenzar a mover la pelvis”
“El compañero masculino o femenino
puede asumir cualquier postura, tal como agarrar se a la madre sustituta o
sentarse en el piso. Parece que no hay mecanismos innatos de desencantamiento
(“Innate release mechanism) que sean adecuados y lleven a los monitos, macho y hembras, de cualquier edad,
a asumir posturas sexuales efectivas.”
Su hipótesis central es que
“patrones básicos de respuesta no directamente heterosexuales pueden sin
embargo asegurar que se adquiera la postura heterosexual normal siempre que
haya oportunidades de que se desarrollen las respuestas afectivas normales entre
los monitos.
3) Plantea de manera intuitiva o
implicita las apraxias:
“Los machos criados en el
laboratorio (en aislamiento) presentaron actos de montar inadecuadamente o
desorientados, como por ejemplo agarrar a la hembra lateralmente y tratar de
copular de lado, o agarrarle los hombros y tratar de copular por la espalda.
Ambas posturas son tipos que hemos descrito antes como comportamientos
heterosexuales infantiles. Aunque las posturas sexuales fueron casi en su
totalidad inadecuadas en los machos criados en el laboratorio, los dos grupos
no fueron diferentes en cuanto a la frecuencia de intentos de copular ni se
presentó indicación alguna de carencia de instinto sexual.” Con esto, además
testimonia la independencia del deseo.
Es particularmente ilustrativa la
discusión posterior a la lectura del trabajo:
“Dr. Rosenblatt: ¿Diría usted que la
mala orientación del macho o de la hembra durante la interacción heterosexual
se debe a un déficit en la habilidad motora, o que el sistema afectivo también
toma parte?
“Dr. Harlow No es un déficit motor,
sino ignorancia de donde debe ir y debe hacer Tanto e macho como la hembra son
incapaces de orientarse adecuadamente con el compañero sexual.”
Sin embargo, en esta discusión, el
Dr. Harlow, que no tenía —o no usó- el concepto explícito y preciso de praxia,
no logró satisfacer por completo a sus exigentes interlocutores:
“Dr. Rosenblatt: Creo que el Dr.
Tinbergen tiene razón; usted a especificar dónde tiene lugar el déficit.” (25)
Esta demanda quedó sin respuesta; no era posible precisar cual era la
deficiencias sin reconocer previamente la existencia de tres elementos del
comportamiento sexual, que el primero, el deseo, estaba incipiente pero
intacto; que la semiótica, en el plano de los índices, tan tenía deficiencias.
El déficit era exclusivamente
estructural: los monitos del Dr. Harlow tenían una apractognosia
somato-sensorial. Después de 22 años de formulada la pregunta, ésa es la
respuesta precisa al Dr. Rosenblatt.
LOS DESORDENES PSICOSEXUALES
El posible valor heurístico de esta
concepción de la sexualidad debe probarse en la confrontación ineludible con la
explicación de los desórdenes psicosexuales.
Para empezar, las parafilias,
definidas como “la necesidad de fantasía o actos inusuales o bizarros para
lograr excitación sexual,” son un
trastorno cualitativo del deseo. Además al servicio de ese deseo, a la estructura
básica de la función se asimilan significantes distintos de los de la mayor
parte de la población. Esta asimilación puede hacerse a partir de la
experiencia o de la representación: ello sólo cambia el nivel del significante,
índice en el primer caso, símbolo en el segundo. Si el significante nuevo se
impone como requisito, ello revela que no se llega a construir un sistema de
signos. Schwartz y Masters proponen la misma idea, cuando afirman que las
parafilias son un “problema de relación interpersonal (interpersonal
relationship disorder), lo que podría llamarse insuficiente o nula
socialización de los significantes. Que un método una técnica o un objeto
sexual sean exclusivos sólo revela la ausencia de un “lenguaje” susceptible de
ser compartido Eventualmente, cuando no se trata de exclusividad sino de
preferencia, estamos ante una estructura “débil” no consolidada por la
asimilación generalizadora.
Esto es muy claro en el fetichismo,
la pedofilia, zoofilia, sadismo y masoquismo. El estímulo sólo tiene
significado, o valor estimulante, para ese individuo, que no tiene recursos
para comprender o preferir el lenguaje convencional. Las razones de esta situación
podrían ser la inexperiencia (lo que le impediría construir un sistema de
signos) y/o la asimilación recíproca a estructuras usualmente no relacionadas
con el sexo. El resultado es un sistema de símbolos, de significación
exclusivamente individual, ni compartido ni comprendido por la sociedad. Así,
cual sea el significante sobrevalorado o exclusivo, sólo tiene importancia
anecdótica.
En este punto tenemos que detenernos
a hacer algunas reflexiones acerca de la alternativa hetero—homosexual. Son
bien conocidos los individuos que tienen definida su orientación priori que se
expresa como atracción previa a la gratificación sexual. La información de que
disponemos hoy, sugiere fuertemente que se trata de una preferencia
“predeterminada”, neuroendocrina, relativa a la calidad o contenido del deseo.
Siendo así, no es de esperarse que sea mayormente modificable por la
experiencia. Al lado de éste, esta el caso de los individuos cuya preferencia
surge a posteriori de su interacción con el medio, por via semiotica asimilan al significado “mi excitación” un
significante masculino, femenino o ambos en cualquier proporción
El transvestismo en su origen, en tanto que parafilia,
naturalmente es un trastorno semiótica pero su eventual evolución hacia el
transexualismo plantea dudas apasionantes. ¿Ello indica que no es posible construir el rol genérico
apropiado si no se cuenta con un sistema
de significantes indemne?
Tanto la construcción del rol
genérico adecuado como su alteración, el transexualismo, desde los trabajos de
Kohlberg, tenemos pleno derecho a considerarlos entidades estructurales de
nivel cognoscitivo. Sin embargo, aún estamos lejos de comprender la génesis del
transexualismo.
Las disfunciones son generalmente
trastornos estructurales; por lo tanto, son dispraxias o apraxias. Llamamos
“dispraxia” a la ejecución completa pero deficiente, por ejemplo escribir con
mala letra. Las anorgasmias femeninas, como un todo, deberían ser consideradas apraxias. La praxía sólo se
completa con orgasmo y resolución
(entendiendo resolución como el regreso al estado inicial, es decir, la
reversibilidad de la “operación” sensorio—motriz, equivalente a la
reversibilidad matemática 2+2 = 4, 4 - 2
= 2.
Lo
Importante ante una anorgasmia femenina, no es en qué punto se haya
detenido el ciclo de respuesta, si antes de empezar o poco antes de culminar,
sino precisar la naturaleza del proceso afectado.
¿Es una apraxia? Lo es en muchas
anorgamicas primarias. Cuando una mujer no ha manipulado sus propios genitales,
no puede servirse de ellos, porque no los incorporó al esquema corporal. Así lo
intuyeron Kinsey, Kegel y Lopiccolo. Así lo describe -sin saberlo- de
Ajuriaguerra. Hablando de las planotopocinesias y cinecias espaciales, las
describe diciendo “la alteración gestual se produce al tiempo que una falta de
organización del esquema corporal. A veces se perturba el gesto en un momento
determinado de su ejecución al realizarlo en un espacio concreto, o en un marco
espacial ordenado y complejo. Suelen darse simultáneamente dificultades en la relación; el acto puede
quedar a medias, dividido y ser difícil su seriación. Ya, refiriéndose a las
apraxias de realización motrices, dice: “La característica fundamental es la
falta de coordinación o un déficit de elementales praxias utilitarias; sus
actos son lentos, torpes y no conformes con una planificación bien pensada.
(30) Walion y Denjean, ya citados, completan: “La imposibilidad de ordenarlo
correctamente adoptaré dos formas: o bien el gesto a realizar esta relacionado
con un gesto externo y el trastorno consiste en la incapacidad de adaptar la
estructura de los movimientos deseados a la estructura de los objetos, o bien
la im potencia es mas subjetiva, afecta a la manera de efectuar los movimientos
en relación con el propio cuerpo.”
Aquellas mujeres que no han tenido experiencias
eróticas progresivas, o que se han entrenado en reprimirse, no han podido
construir los esquemas elementales, o los tienen pero no pueden coordinarlos
por falta de asimilación recíproca de dichos esquemas. El punto en el que se
detiene su respuesta sólo indica hasta qué punto llegó la construcción. ¿Qué
clase de apraxias? Creemos que se trata, como en los monos de Harlow de
apraxias o apractognosias somato—espaciales, cuando no esta afectado el SVS, es
decir, en la mujer que se excita. Cuando la mujer no se excita, no comprende
los estímulos eróticos, creemos que deben considerarse apraxias de Formulación
Simbólica. Las anorgasmias secundarias son praxias Sensorio- Cinéticas,
caracterizadas por la desautomatización del gesto, análoga a la dificultad, en
la marcha que presentan los niños que estrenan zapatos, que concentran la
atención en los pies, impidiendo que la marcha sea automática y armoniosa. En relación a las disfunciones
erectivas, la categorización es análoga. La Inhibición de la Excitación Sexual,
cuando es primaria, por lo general es una apractognosia somato-espacial. No
hemos encontrado hombres totalmente incapaces de interpretar mensajes sexuales,
excepto los eunucos prepuberales.
Las frecuentísimas disfunciones
erectivas secundarias son praxias Sensorio—cinéticas. El talento de Masters y
Johnson se revela aquí en toda su profundidad: impedir la ansiedad y el rol de
espectador son medidas prácticas tendientes a volver automática la erección.
La eyaculación precoz también sería
una apraxia sensorio-cinética, pero que afecta el reflejo de la eyaculación y
no al de la erección.
La Inhibición del Orgasmo Masculino
es simétrico de la Eyaculación Precoz. Ambos se caracterizan, dijimos mas
arriba, por la desequilibraión de la. conducta de cooperación en el coito. La
diferencia esencial es que el eyaculador precoz indefectiblemente lo es de
nacimiento. Ningún hombre puede controlar el reflejo eyacula torio a menos que
aprenda. Que sea consciente o no del proceso de aprendizaje no cambia las
cosas. Nadie recuerda como aprendió a caminar y lo cierto es que todos
aprendimos, porque la coordinación de la praxia no requiere de la conciencia.
Pero el control eyaculatorio que se puede aprender sin saberlo por lo común
comienza a adquirirse cuando el hombre se entera de su necesidad, o por lo
menos de su conveniencia, y esta, si no es parte del rol sexual asignado por la
cultura, y en América Latina no lo es,
debe ser expresada por una mujer, en el momento y de la forma adecuada. Si no
se cumplen las condiciones necesarias para el aprendizaje, éste no se puede
llevar a cabo, que es el caso general. Al lado de esta eyaculación precoz
“primaria”, existe, pero se presenta mucho mas raramente, la “secundaria”. Se
trata del hombre que se controla de manera satisfactoria hasta que algún
incidente provoca la desautomatización, y procura reemplazarla con control
consciente, pero generalmente sin resultado, puesto que se interfieren
“consciente” y “automático De allí la paradoja señalada por Lopíccolo
(comunicación personal) (1982) de que en los eyaculadores precoces encontró que
son mas y no menos conscientes de las sensaciones peneanas. El hombre que sufre
de eyaculación retardada siempre lo sabe desde el comienzo. Excepto esta
diferencia subjetiva no encontramos razón para clasificarla en una categoría
distinta de la eyaculación precoz.
Con este criterio, el vaginisno deja
de ser el hijo ilegítimo dentro de la clasificación de disfunciones, porque
pertenece por derecho propio a la misma filiación de las otras disfunciones.
Si seguimos el paralelo con la
escritura, el espasmo del escribiente se
considera una disgrafía de tipo rígido (“pretenden un control que más que un
control eficaz es una tensión”. Se trata de una dispraxia, pero su intensidad
puede impedir el desempeño de la función sexual hasta transformarse en una
Apraxia Sensorio- Motriz hipertónica. El Matrimonio Incosumado inaugura un
capítulo especia1n interesante, el de las apraxias “a deux”.
Esto no agota la nosografía. Queda
por explicar el grupo de anorgasrmias femeninas debidas a que el hombre no
satisface el Sistema de Valores Sexuales de la mujer.
No es un problema menor, ya que
Masters y Johnson lo consideran la causa mas frecuente de anorgasmia. Caben dos
posibilidades: que la mujer no tenga SVS, es decir, que carezca de un sistema
de símbolos y signos, en cuyo caso no puede ser satisfecha hasta que lo
construya, y esto es problena semiótico (anorgasmia semiótica); o que sea muy
precario, o que lo tenga pero que no lo comunique (o que el hombre no lo
descifre), en cuyo caso el problema también es semiótico, pero sin “lesión”.
En síntesis: no basta el diagnóstico
general de “Inhibición de...” puesto que el significado real del diagnóstico es
el de indicar al terapeuta la conducta a seguir, a partir de una clasificación
conceptual. Por eso, el diagnóstico debería implicar un mecanismo
fisio— psicopatológico.
La clasificación de los Problemas
Sexuales (Sexual Disorders) que se desprende de esta concepción de la
sexualidad es difícil de comparar con la Clasificación oficial de la DSM III.
Es la que, para terminar, exponemos a
continuación.
NOTAS
1. Piaget,
J.: Introducción a la epist
genética T.3, p.174.
2. “ Psicología de la inteligenci p.179.
3. “
: El estxucturali pp. 75—76.
4. Tinbergen, N.: El estudio del instinto p.35.
5. Piaget,
J.: Estudios de psicología genética
p. 71.
6. Masters,
W. y Jdnnscrn, V.: Inxxtipatibilidad
sexual hurriana p.
7. Piaget,
J.: Estudios de Psicología genética
p. 69.
8. Kaplan,
H.: Trastornos del deseo sexual p.58.
9. tk
Ajuriaguerra, J.: Manual de Psiquiatría infantil p.
10. “ ,t , p.2t51.
11. Piaget,
J.: Estudios de Psicología genética
p.9O.
12. Piaget,
J.: “ “ , p.l
13. Battro, Antonio: yensarniento de
Jean Píaget flnecé, Buenos Aires, p.3O6.
14.
Masters, W. y Johnson, V.: çp p.22
15 ‘I p66
16. II I p73
17. Caspari, E.W.: “Irr evolutiva de
los procesos sexuales y del ccrr sexual “, en Sexo y Conducta de Beach, F.
Ps 49.
18. Tinbergen, N.: “Evolución del c
sexual”, en Beach, F., cp. cit. p.33.
19. Hanpson, J.C.: “Causas
determinantes de la orientación psico— sexual”, en Beach, F., c cit. p. 91.
20. Harlc H.F.: Carçortarniento
sexual de los ironos rhesus”, en Beach, F., op. cit , p.
21. U , p. -
22. r
23. ,pp 213—214.
24. , p.225.
25. , p.226. -
26. 1 Psychiatric Association, D III p.
27.
Schwartz, M.F. y Masters, W.: “Conceptual factors in the treatrrent of para a
prelindnary report.”, en Journal of sex &
marital therapies 9:1, 1983, pp.
3—18.
Nota del editor: Este trabajo se escribió aproximadamente en 1980, durante su vida en Bogotá. Se ha respetado integramente el documento escrito personalmente por el autor. No se ha realizado ninguna modificación para la edición.
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